domingo, 14 de diciembre de 2014

Me muero de celos...




Los celos pueden presentarse en diferentes grados. Pensar, por ejemplo, que nuestra pareja es en verdad demasiado atractiva y que, por lo tanto, es capaz de suscitar el interés de otros, es un sentimiento aceptable. Digamos que todo el mundo lo ha pensado en algún momento. Sin embargo, sospechar que cada vez que tiende la ropa coquetea con el vecino es un asunto que adquiere tintes patológicos.

Celoso


Además del daño que les infliges a los demás, terminas destrozándote a ti mismo con tu inseguridad, tus miedos infundados y el rechazo que originas.

CELOS PATOLÓGICOS 

De acuerdo con García Huete, existen tres síntomas que demuestran que los celos han pasado de castaño a oscuro y se han convertido en patológicos. El celópata experimentará síntomas clínicos comprobables como ansiedad, estrés o depresión. Sus sentimientos le impedirán mantener una actividad normal. Por ejemplo: dejará el trabajo para espiar a su mujer, o se pasará el fin de semana controlando cualquier movimiento sospechoso. Por último, exteriorizará sentimientos dañinos hacia aquellos que envidia. "En estos casos, se trata de una obsesión y, como tal, tiene que tratarse. Una vez que los síntomas más incontrolables se presentan, se impone un tratamiento psicológico que tiene como propósito tratar las áreas que provocan los celos: baja autoestima, falta de autocontrol, dificultades para percibir lo que realmente ocurre, etcétera", enumera.

Ten claro que este tipo de celos no desaparecen así como así. "De hecho, sólo acaban cuando el dolor que produce se sustituye por el peor temor que abrigaban. Por ejemplo, cuando pierden a la persona amada debido a su actitud insoportable, cuando les quitan el puesto de trabajo al que aspiraban... Hasta que no hay una crisis, no hay un cambio, Y ese sólo sirve para reconducir la ansiedad hacia otra situación igualmente dolorosa", comenta Levit.

PRIMEROS INDICIOS

Uno no llega a ser un celópata consumado de un día a otro. Como en todo, ocurre paulatinamente. Por ello, la clave es buscar remedio cuando surgen los primeros síntomas. "Las personas celosas en la primera fase de la relación suelen preguntar por el pasado de su pareja. Suelen ser bastante inquisitivos y quieren recabar detalles muy concretos de lo que hizo anteriormente. Y esa información les afecta más de lo que sería normal", comenta Rosa Serrate, psicóloga clínica de Zaragoza.

De ahí, se pasa a los interrogatorios que hacen sentir culpable al otro. Preguntar dónde ha estado tú pareja no es descabellado, siempre y cuando no pretendas que se sienta culpable, por ejemplo, por no haber estado a tu lado. "Provocan que el otro se justifique y una vez lo hace, está perdido: ya ha entrado en su juego", advierte Levit,

A partir de ahí empieza un estira y afloja, que a largo plazo suele ser demoledor para cualquier tipo de relación. "Los celosos son muy manipuladores. Se comportan de forma egoísta y son incapaces de ver el daño que causan a sus seres queridos", comenta Serrate. Si los celos son moderados, se puede recurrir a un tratamiento psicológico, antes de que empeoren. "Por lo regular, el origen de los celos suele encontrarse en la infancia temprana. De repente, el niño descubre que su madre no es únicamente suya, que la ha de compratir con sus hermanos. Cuando los pequeños van a la guardería, deben repartirse el amor de la profesora o aprender que los juguetes no les pertenecen en exclusiva", explica Levit. Si ese proceso no se lleva correctamente, es posible que en la edad adulta surjan secuelas que haya que tratar.

CELOSOS SELECTIVOS

Los celos son universales. "En realidad, no influye ni la posición económica ni el nivel intelectual. Se trata de un sentimiento incapacitante que poco tiene que ver con el raciocinio", asevera Levit, Sin embargo, normalmente, una persona no es celosa en todos los aspectos de su vida y sólo acostumbra escoger aquellas en las que se siente mucho más vulnerable. "Por ejemplo, alguien puede ser celoso con su pareja y no ser para nada competitivo en su trabajo", comenta Huele.

En muchos casos, los celos se relacionan únicamente con la pareja y no es así en absoluto. Los celos en ámbito profesional, por ejemplo, son igual de perniciosos. "Muchos casos de acoso laboral, por ejemplo, se deben a los celos. Una persona se siente amenazada por un compañero de trabajo, lo envidia y decide hacerle la vida imposible para conseguir que se vaya, cuanto antes mejor. Estas actitudes no son interpretadas como celos y esto, definitivamente, constituye un error que puede llegar a ser bastante grave", finaliza Huete.



Are you listening? De Dolores O'Riordan




¿Puedes nombrar a los otros tres miembros de The Cranberries? Nosotros tampoco. Aparentemente su cantante, Dolores O'Riordan, despertó del letargo y dio el paso lógico: grabar un disco solista. No esperen el mismo tono adulto contemporáneo que adoptó con The Cranberries en sus últimos discos, Are You Listening?es pop, pero con suficiente potencia como para alejar a los que busquen algo digerible.

"Black Widow" es melancólica pero retadora, mientras que el sencillo "In The Garden" tiene todo el perfil de un homenaje a su desaparecida banda. Pero eso no debe engañarnos, existen momentos de rock puro en el disco. 


viernes, 12 de diciembre de 2014

Los regalos más extraordinarios de las fiestas decembrinas




Navidad es la fiesta más sublime, alegre y feliz de todo el año... para los comerciantes. La costumbre de regalar impulsa sus ventas y moviliza la economía.

Supuestamente la jornada que transcurre entre los días 24 y 25 de diciembre es una solemnidad religiosa que conmemora el nacimiento de Jesucristo, el fundador de la religión católica —y sus derivados—, que hasta la fecha concentra a un mayor número de fieles que cualquier otra (2.1 miles de millones según adherents.org). Sin embargo, esa celebración ha perdido ese carácter espiritual que tuvo de origen y presenta un curioso fenómeno de secularización. La celebran muchas personas que no son católicas, mientras las que sí lo son la conmemoran de un modo no religioso: consumiendo alimentos y bebidas e intercambiando objetos o regalos envueltos en papeles y con vistosos moños que forman parte fundamental de la escenografía de temporada. La tradición de preparar alimentos especiales para las festividades es tan antigua como las comidas rituales de las primeras civilizaciones, pero ¿cómo surgió la costumbre de regalar en esos días?

Las raíces de ésta no son tan remotas como las de los banquetes. Aunque algunos periodistas, como Dennis Green, autor del artículo “The Origins and Practices of Christmas: Christian or Pagan?”; la remontan a las fiestas romanas, en especial a las calendas, cuando los patrones daban obsequios a quienes dependían de ellos, la explicación más sensata del intercambio de regalos, tal como lo conocemos hoy, asegura que es mucho más reciente y se conecta con dos fenómenos bien determinados: la Revolución Industrial, iniciada en el siglo XVIII, y la sociedad de consumo, surgida de ésta para desplazar millones de productos fabricados masivamente gracias al desarrollo tecnológico de nuevas máquinas que superaron sin proporción las antiguas capacidades de producción artesanal.

El investigador William R Waits, autor del libro The Modern Christmas in America, dice que el modelo de celebración que seguimos "data solo de alrededor de 1880" y se deriva de las transformaciones económicas y sociales ocurridas en EUA: las fábricas expandieron radicalmente su producción e hicieron que cientos de antiguos habitantes del campo se trasladaran a las ciudades [ ], durante esos años la celebración adquirió la escala que tiene hoy día, propia de Gargantúa". La costumbre de dar regalos que hasta entonces tenía una dimensión limitada y simbólica fue en aumento. Surgieron nuevas categorías de personas que participaban en el intercambio y nuevos tipos de artículos que se consideraron adecuados como regalos. Los recientes residentes urbanos intercambiaron artículos manufacturados en vez de artesanales, e inició un fenómeno masivo que habría de introducirse en el corazón mismo de los valores nacionales, sobre todo en el mundo capitalista, gracias a la influencia estadounidense.

La nueva cultura estuvo dominada por factores y símbolos urbanos en los que el consumo desempeñó, por vez primera, un papel central en la sociedad. Si antes se daba importancia a rasgos de conducta, como la moral, la virtud y la frugalidad, los nuevos signos de estatus estuvieron dados por la compra y posesión de ciertos objetos, la gente prefirió el gasto al ahorro y los grandes consumidores, como deportistas o estrellas de cine, se convirtieron en nuevos héroes. Este proceso atrajo a todos los grupos, incluso a quienes profesaban religiones distintas al cristianismo. En 1912 la periodista Margaret Deland ya se refería a la "compulsión de regalar" y la Navidad se había convertido en la celebración más demandante en términos de esfuerzo, dinero y atención. Waits explica lo que ya sabemos: "La religión no ha tenido un papel relevante en la emergencia del modo moderno de celebrar". La misma autora postula que un intercambio no es el simple paso de una propiedad de A a B, expresa diferentes roles y relaciones en un contexto social, como la amistad, los vínculos entre hombres y mujeres, entre generaciones, entre ricos y pobres o empleados y sus empleadores.

Este proceso se intensificó en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el superávit en la producción de mercancías ha despertado la ansiedad de los fabricantes y comerciantes que desarrollan programas de mercadotecnia cada vez más agresivos. En ese horizonte cobraron importancia figuras y tradiciones espurias como Santa Claus que, por más que quiera vincularse con el santoral católico, fue una creación de la compañía Coca-Cola y su célebre ilustrador Haddon Sundblom (1899-1976).

Ver de esta manera la Navidad y darnos cuenta de que cuando compramos y regalamos no somos más que una especie de zombis gobernados por los comerciantes y los manufactureros, le quita a todo gran parte de su encanto y explica por qué las 'fiestas decembrinas' siempre nos dejan un gusto agridulce 

¿Cómo recuperar el espíritu feliz de esa temporada? Los católicos tienen un buen número de recursos espirituales para hacerlo evocando el nacimiento del líder y guía. Los no católicos y los no creyentes pueden hacerlo gracias a la práctica y la comprensión de la generosidad, el valor moral que hay detrás de todo regalo, pero que también puede expresarse de modos inmateriales: ofrecer nuestro afecto y nuestros conocimientos a los demás, pensar en qué podemos hacer por ellos para que se encuentren mejor y comprender, como moraleja, que compartir no es dividir, sino multiplicar.