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A dieta de televisión

Siempre he creído que desperdicie una gran parte de mi niñez sentado frente a un televisor. Solía ver todos y cada uno de los programas en el tiempo en el que aun no era popular el sistema de televisión por cable; es decir que veía todos los programas de tan sólo 3 canales.

Actualmente no le dedico al televisor ni media hora al día, lo cual no significa que no vea ningún programa, sino que he cambiado de medio al disfrutar mis programas favoritos; ahora es el ordenador o el Ipod en los que, sólo cuando tengo tiempo y a pausas, me doy cuenta de lo que acontece en el mundo

Y es que la mayor parte del tiempo vemos la televisión aun cuando no hay nada interesante, nos encontramos cambiando de canal esperando encontrar algo que nos mantenga entretenidos y que nos acompañe en nuestro deseo de no hacer nada. 

Creadora de zombies.

La mayoría de los programas que la televisión transmite son inútiles y desalentadores. Los observamos para satisfacer la curiosidad o para que nos hagan compañía y no sentirnos solos escuchando nuestros pensamientos. Nos ofrece un propósito temporal al hacernos creer que estamos haciendo algo.

Drenado mental.

Después de ver la televisión el cerebro se siente cansado y somnoliento, debido a la carga de imágenes y sonidos que recibe sin descanso y que dejan al cerebro agotado al procesar la sobrecarga de datos e imágenes.

Altamente adictiva. 

Al comenzar a ver la televisión se suele ver cada vez mas y mas. Es inusual que alguien se siente a ver sólo el programa que quiere y se retire cuando este termine, pasando nuestro programa le cambiamos al control remoto para ver si hay algo mas que resulte interesante; y se termina por ver muchos programas mas de lo que se tenía planeado.

Quita tiempo. 

Debido a la característica de adicción, ver los programas de televisión se convierte en una actividad que quita el tiempo (time in Money), ese aparato es celoso y necesita que dejes de hacer cualquier otra actividad para subsistir.

Mata a la imaginación. 

Ver la televisión es un proceso que elimina los procesos complicados que puede realizar el cerebro, y este disfruta la descarga de esfuerzo de la que lo liberan. Leer en cambio requiere transformar las letras en imágenes y eso conlleva a que la imaginación se desarrolle. Un ejemplo de esto es por lo que nunca se podrá a llevar a la pantalla el libro “100 años de soledad”, cada quien vivirá con su propia imagen de Macondo. 

No es saludable. 

Ver la televisión significa sentarse o recostarse, es decir que se reduce la actividad física al mínimo, la obesidad es solo uno de los males causados por este letargo.

Culpabilidad.

Después de un día de no hacer nada productivo al estar perdiendo el tiempo frente el televisor, nos sentimos culpables de no haber realizado las actividades que se tenían que hacer.
Y si ya te has decidido a dejar este vicio, te dejo entonces algunas estrategias para lograr despegarse de este monstruo de imágenes y sonidos.

Rompe la rutina. 

Si acostumbras a encender el televisor en los primeros minutos después de llegar a tu casa, intenta cambiar ese hábito realizando alguna actividad diferente; por ejemplo: llama a un amigo, lee un libro, prepárate un bocadillo o realiza algún ejercicio físico.

Prepara la ruta de escape.

¿Qué es lo que haces después de ver el programa de televisión que te gusta? Para evitar seguir viéndola y estar cambiando de canal a ver que encuentras, planea alguna actividad a realizar inmediatamente después de que termine. 

Utiliza la televisión como recompensa. 

En vez de decir “Voy a hacer lo que tengo que hacer después de que acabe mi programa” deberás plantearte “voy a hacer lo que tengo que hacer en este momento y después veré mi programa”. Tal vez cuando termines tus obligaciones ni te apetezca verla.

Pregúntate ¿Por qué? 

Antes de encender el televisor, pregunta para que o porque veras ese programa. Qué cosas buenas o positivos dejará en ti. Responde con sinceridad y te darás cuenta que la mayoría de las veces es sólo para evitar hacer lo que tienes que hacer.

Programación y reducción. 

Anota todos lo programas que sueles ver, elimina los improductivos y procura quedarte con el resto. De esa manera te será más fácil eliminar los pocos que queden en la lista.

Enfócate en los alimentos a la hora de la comida. 

Es muy tentador encender el aparato a la hora de comer, lo cual nos distrae y no se le otorga la debida atención a los aromas y a los sabores. Siente la textura y disfruta del olor de tu platillo, lo cual sirve además para relajarte y meditar un poco.

Ojala pudiera volver en el tiempo y decirme a mí mismo que no vea televisión.

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