jueves, 8 de mayo de 2008

La guerra de los DJ de música pirata

Son las 6 de la mañana en el tianguis y ya se ha colocado el primer puesto de música pirata, no pone aun las canciones porque espera a su contrincante y retador.

La batalla de los sonidos inicia a las 6:17, la primera melodía surca el aire limpio y fresco por la lluvia de la noche anterior. Es la tonadilla del “Pipiripau” la que rompe la monotonía del silencio matutino, despertando de una vez por todas a los madrugadores que aun no terminan de colocar sus mercancías en los puestos.

El rival se apunta con una canción de Paris Milton en remix.

Al pasar a la siguiente canción, el primer DJ sube el volumen al doble, pero como no posee un amplificador, el sonido es fatal, una mezcla de zumbidos y tamborazos que hacen inteligible la letra y es una tortura para los oídos.

Como su contrincante tiene mejor equipo, el sonido resultante es de mejor calidad. Le da un golpe con guante blanco al colocar una composición del mismo cantante y lo remata con la de la “Mollera colorada”.

Ambos venden los discos $10 pesos, las compilaciones en MP3 cuestan $15, lo mismo que las películas en DVD… hace apenas un año costaban $50.

El volumen de ambos fue subiendo en el transcurso de la mañana para intentar opacar al otro, pero los clientes ya no se acercan porque el ruido es monstruoso. Se da una tregua no pactada y ambos bajan el volumen. Ahora si, los transeúntes se acercan nuevamente a ver lo que ofrecen.

Ahora es Celin Dion contra una TEX-MEX, los compradores potenciales nada mas pasan y miran pero no adquieren nada, es casi fin de quincena y lo que llevan en sus manos son huevos y verduras.

Ya casi es medio día y ambos lanzas su mejor carta, el último éxito de Vicente Fernández, la tocan una y otra y otra y otra vez, esa es la que vende por lo que se ha convertido en la carnada perfecta. De este disco se llevan hasta varias copias para regalar a la mamá, a los compadres, a la suegra y a la novia.

Por el horario de verano, el sol no esta aun en el cenit, pero el calor ya es de 38 grados centígrados, el polvo se levanta sazonando a los marchantes y dándole ese sabor que le faltaba a la comida callejera.

La música se ha vuelto parsimoniosa al igual que el andar de la gente, que tiene la mirada perdida al caminar por el calor sofocante que hay en la ciudad.

En ese momento los únicos que están haciendo negocio son los de los raspados y las nieves de sabores, ellos libran otra batalla. Uno de ellos ha vendido en media hora más que los dos DJ juntos en toda la mañana.

Los de la música mejor se retiran. Si tienen suerte alcanzarán el partido de fútbol a la mitad. Los dos le van al mismo equipo, pero no lo saben.

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