viernes, 11 de julio de 2008

Una musicoteca contenida en un iPod

Hasta hace bien poco, existían eruditos de la música que pretendían poseer una vasta colección musical, la cuál aun podía estar formada por discos de acetato o más recientemente por una selecta lista de discos compactos.

Pero el iPod y el iTunes han cambiado este panorama para los fanáticos, pasó el arte de reproducir la música en de la sala al auto. Por supuesto que antes existía el walkman, pero no podías disponer de toda la discografía de Mozart en cassettes. Aunando a esto apareció el Ipod Dock, que no es más que una base en la que se coloca tu reproductor y que aun mantiene viva la costumbre de oprimir botones.

Un primo, del que ya he hablado antes, solía ser Disc Jockey y siempre disponía de lo último en música (y en diferentes versiones). Obtener una copia de sus discos era más difícil que obtener uno de sus riñones; no digo que fuera imposible, sólo que era extremadamente difícil. El día que me enteré que existía una forma de almacenar canciones en una doceava parte de su tamaño original en algo llamado "formatomp3" corrí a decírselo, me ignoró y pago las consecuencias: los DJ's que se pasaron a la era digital se mantuvieron activos por más tiempo.

Actualmente cualquiera puede adquirir la música del país que sea, de cualquier genero y en cualquier momento. Lejos ha quedado el día en el que pedir por favor una copia era sinónimo de suplica.

Algo que me fascina de esta tecnología es el poder realizar las listas de reproducción. De mi selección personal he elegido las canciones más tranquilas para poder conciliar el sueño, en el auto se recurren en una y otra ocasión a la lista de las infantiles, la cual resulta ser el mejor tranquilizante para mi pequeña demonio de Tazmania; y en las fiestas familiares las canciones para bailar no faltan. Sólo basta conectarle el iPod el adaptador que transmite en FM y cualquier aparato con receptor se transforma en una extensión del reproductor.

Y no solo es la cantidad lo que ha mejorado, sino también la calidad. Frecuentemente descubro sonidos que habían pasado desapercibidos al escuchar la misma canción en el radio o en un cassette, la fidelidad de la música codificada a más de 128kbps permite detectar pequeños detalles en las melodías; aunque he comprobado que los mejores audífonos son los de Sony y no los originales del iPod.

Ya he pasado todos mis CDs a mp3, codificados a 320 kbps, y no ocupan más que la mitad del espacio de mi iPod. Por cierto, odio el iTunes… espero a que vendan las canciones de los Beatles, me encanta la capacidad y el manejo del aparato y… el muy maldito se raya con tan solo mirarlo feo.

Una musicoteca contenida en un iPod