Esta extraña práctica desarrollada por los indios que habitan al norte del río Amazonas, está a punto de desaparecer. Siempre ocupan la cabeza de un enemigo que fue asesinado en combate, a quien no conocieron más allá de eso. Una vez muerto, separan la cabeza del tronco.
Le sacan el cerebro y el cartílago de la nariz. Llenan el cráneo con arena caliente y la sumergen en una olla con agua hirviendo para que pierda la grasa (en ocasiones beben el caldo que resulta). Después, la pieza se deseca progresivamente y los rasgos se moldean poco a poco una vez que la piel está tensa.
El último paso es suturar los ojos y la boca. Cuando la cabeza está lista, se organizan dos rituales que duran largo tiempo e incluyen danzas, sacrificios de animales, bebidas alcohólicas y palabras ceremoniales. El primero se denomina “sangre misma” y el segundo “el cumplimiento”. Simboliza la unión de la comunidad contra sus enemigos.

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