Los primeros datos históricos que revelan la existencia de una clase media provienen de la sociedad británica de finales del siglo VXVIII.
La separación social comenzó a hacerse más evidente a través de factores como la posesión de medios de energía, autoridad, abundancia, trabajo y dinero, lo que a su vez diferenciaba las condiciones, estilo de vida, educación, religión y cultura de cada sector.
Al empezar el siglo XIX surgieron las etiquetas de “clase obrera” y “Clase media”, esta última era la herencia de la vieja aristocracia que comenzaba a sobresalir gracias al éxito del comercio, la industria y las profesiones.
De forma paralela, los más exitosos dieron paso a la “clase alta” y se consolidaron en el control del sistema político privando a los sectores de una voz fuerte en el proceso gubernamental.


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