Los primeros conejos que trajeron consigo los europeos en 1859 se multiplicaron descomunalmente al no poseer depredadores naturales. Invadieron todo el continente y se comieron los alimentos de los animales nativos. Llegó un momento en el que en el país había quinientos millones de conejos.
Devoraban toda la vegetación, condenando al ganado a la hambruna y convirtiendo las fértiles praderas en desiertos.
En el siglo XX, los australianos introdujeron deliberadamente una enfermedad mata-conejos, que redujo su población, por lo menos durante cierto período de tiempo, ya que en la actualidad hay conejos inmunes a dicha enfermedad con lo que la posibilidad de que invadan de nuevo sigue vigente.


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