lunes, 20 de abril de 2009

El papá en el día del alumbramiento

En general, el día del parto no suele constituir para el futuro padre una jornada fácil. Los nervios y el cansancio pasan factura, sobre todo si el bebé tarda en nacer. y muchas veces hay que afrontar el proceso haciéndose el fuerte, cosa que, por muy hombre que seas, no siempre se consigue.

Hablar con algún padre reciente ayuda, pero, además, hay que prepararse bien durante el embarazo: aprender a distinguir las verdaderas contracciones, saber dar un masaje a la esposa... Los programas de preparación al parto representan sin duda, la mejor escuela.

Sentimientos contradictorios

El estado de ánimo de tu esposa variará según vaya avanzando el parto: al principio suelen mezclarse la ilusión y el desconcierto, pero más adelante pueden aflorar la tensión, el agotamiento e incluso la irritación. Estas reacciones se consideran absolutamente normales, ya que son producto de la influencia de las hormonas.

Ese día, algunos hombres también se ponen muy nerviosos. Tanto, que no pueden soportar que su pareja tenga estos cambios de humor y pretenden que guarde la compostura. Sin embargo, conviene que ella pueda expresarse con cierta libertad en el parto. El compañero no debe exigirle que esté tranquila en esos momentos.

Lo ideal es que te sobrepongas y aceptes la situación emocional de tu mujer como algo natural. En realidad, esa alteración psíquica constituye un signo de salud mental: significa que la gestante es consciente de la responsabilidad y se siente implicada de forma correcta en los acontecimientos

A todas las parturientas las tranquiliza que el padre de su hijo permanezca a su lado, pero lo ideal es que aporte algo más. Necesitan un compañero fuerte, emocionalmente sólido, que le sirva de soporte psicológico. Si se va a sentir desbordado por la situación o psíquicamente no está en su mejor momento, más vale que no esté presente.

Para la futura mamá resulta muy consolador comprobar que su pareja se emociona, que comparte con ella el dolor y la alegría. Por eso, usar la intuición suele funcionar muy bien. Y también mostrarse cariñoso y sonreír con comprensión.

Cómo ayudar durante la dilatación

El trabajo de parto inicia en casa y, en general, allí, como esposo, puedes desarrollar tu labor con mayor libertad: ofreciendo un masaje, controlando las contracciones y el ritmo respiratorio, poniendo música tranquila. Cuando las parejas llegan al hospital demasiado pronto pierden la oportunidad de aprovechar ese margen de privacidad. Una vez en el hospital, no hay más remedio que adaptarse a la situación y, si la sala de dilatación es colectiva, tal vez no permitan que entre el futuro papá. Por eso resultan tan valiosas las horas que la pareja comparte en casa. No se trata de esperar en el hogar hasta el último momento, pero tampoco conviene salir corriendo a la primera contracción.

En el hospital tendrás menos margen de maniobra, pero, incluso entonces, algo tan sencillo como limpiar el sudor de la frente aliviará mucho a tu mujer. También puedes continuar ayudándola a controlar las contracciones y el ritmo respiratorio. En realidad, la clave está en permanecer atento a las necesidades de la futura mamá y adelantarte a ella en lo posible.

Si el parto transcurre con epidural, tu mujer permanecerá algún tiempo inmovilizada. ¿Qué puedes hacer para aminorar este inconveniente? Pedir a los especialistas que se acerquen cuando ella desee consultarles algo, ofrecerle conversación, comentarle los cambios de las gráficas del equipo de monitores al que ella estará conectada, preguntarle cómo se siente y procurar entretenerla.

El último esfuerzo

Cuando la expulsión sea inminente, lo que más valorará tu esposa (y también el médico) es que actúes de forma tranquilizadora: susurrando palabras de calma, acariciándola suavemente las manos o la cabeza y ofreciéndole instrucciones como -empuja ahora o -vamos a respirar juntos, Los temores típicos (el quirófano, la sangre...) suelen desaparecer cuando el hombre tiene muchas ganas de participar. Además, lo habitual es que el padre no llegue a ver membranas ni sangre, ya que en la sala de expulsión se colocará detrás de la mujer, que tendrá el abdomen cubierto por una sábana. En el caso de que desee observar de frente el nacimiento, tendrá que preguntar al médico dónde puede situarse para no entorpecer su labor.

Si el ginecólogo te indica que el parto va a terminaren cesárea, antes de separarte no debe faltar una frase alentadora. En ocasiones se permite que el padre acompañe a su pareja en la sala de operaciones.

Para saber de verdad qué es lo que tu esposa espera de ti ese día, hay que preguntarlo abiertamente durante el embarazo. Cuanto más conversen sobre lo que va a suceder, más fácil resultará acertar. Los cursos de preparación al parto también ofrecen muchas sugerencias a los señores, así que ninguno debería perdérselos.

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