martes, 12 de mayo de 2009

La ciencia ficción mexicana

En el siglo VXIII, el fraile franciscano Manuel Antonio Rivas se dio a la tarea de escribir publicar un relato de viaje a la Luna. Sizigias y cuadraturas lunares (1775), en donde se encontraba con una sociedad utópica. El fraile fue acusado de herejía y llevado al Tribunal de la Inquisición; años más tarde fue absuelto de los cargos que se le imputaron por la publicación de esta obra.

Miguel Ángel Fernández, entre otros autores, ubica el origen de la ciencia ficción en México con la publicación de la obra del fraile. Fernández apunta que, aun cuando los críticos anglosajones han situado el surgimiento de la ciencia ficción moderna en 1818, con Frankenstein, de Mary Wollstonecraft Shelley. La obra del fraile cumple no sólo con las características de aquello que se ha conocido como protociencia ficción, sino que incluye rasgos de lo que se ha definido propiamente como ciencia ficción moderna.

Si se considera la definición del género de Brian Aldiss, quien ubica por vez primera el nacimiento de este género en 1818. Se advertirá que el cuento de Rivas conjunta los elementos que dan origen a una obra contemporánea de ciencia ficción: la búsqueda por la definición del hombre y su posición en el universo basada en el avance, aunque sea confuso, del conocimiento científico.

Sebastián Camacho Zulueta escribió en el primer número de El Ateneo Mexicano, revista publicada por una sociedad literaria y científica que llevaba el mismo nombre, citada en 1840 en la c iudad de México, un artículo sobre el daguerrotipo y otro sobre globos aerostáticos. En el mismo número, con el seudónimo Fósforos Cerillos, escribió el cuento "México en el año 1970", en el que imaginó la aplicación y la utilidad, en el futuro, del par de inventos sobre los que había escrito.

También en el siglo XIX destaca Pedro Castera, con sus cuentos "Un viaje celeste" (1870) y "Querens" (1890). A principios del siglo XX, Eduardo Urzáiz, publicó la que se ha considerado como la primera novela de ciencia ficción, Eugenia (esbozo novelesco de costumbres futuras) (1919).

Quizá uno ele los autores de finales del siglo XIX y principios del XX más representativos del género es Amado Nervo, quien, en sus cuentos y poemas aborda temáticas relacionadas con viajes espaciales. Para algunos críticos, el cuento "La última guerra" (1906) inaugura el género de ciencia ficción en México. Entre muchos otros relatos, el narrador poeta escribió "El donador de atinas" (1902). "Yo he estado en el espacio" (1905), "El gran viaje" (1917).

Otros aportes importantes de la primera mitad del siglo XX son "La conquista de la luna" (1917), de Julio Torri; "Cómo acabó la guerra en 1917" (1917), de Martín Luis Guzmán; La vuelta al mundo en 24 horas: novela futurista (1928), de Carlos Samper; "Mi tío Juan" (1934), de Francisco L. Urquizo; "Cinq Heures sans Coeur" (1938), de Bernardo Ortiz de Montellano; "La lluvia roja" (1938). de Enrique González Martínez; "Troka, el poderoso", de Germán List Arzubide (1938).

Algunos autores no considerados dentro de este género hicieron también importantes contribuciones. Entre otros, Juan José Areola escribió los cuentos "Baby HP" y "Anuncio", incluidos en Confabulario (1952) y Carlos Fuentes dio a conocer "En defensa de la trigolibia" y "El que inventó la pólvora", en Los días enmascarados (1954).

En los años sesenta y setenta se realizan varios intentos para impulsarla literatura de ciencia ficción en México, con algunos logros. Es el caso de Crononauta (1964) revista de ciencia ficción y fantasía, editada por René Rebetez, nacido en Colombia y radicado en México, y el chileno Alejandro Jodorwsky, con colaboraciones en su mayoría de autores nacidos en México. En 1968 se publicó el libro Mexicanos en el espacio, de Carlos Olvera, y La nuevo prehistoria y otros cuentos, de René Rebetez.

Pero es hasta la década de los ochenta cuando la literatura de ciencia ficción arranca de manera definitiva, la instauración del Premio Pueblas en 1984, dedicado a reconocer anualmente lo mejor de esta literatura, marca una pauta importante en el desarrollo de la narrativa de ciencia ficción.

Los jóvenes reunidos en torno de este proyecto tuvieron entre sus propósitos, trabajar una literatura ele ciencia ficción alejada de esquemas anglosajones que se erigiera con rasgos propiamente mexicanos.

Una de las contribuciones más importantes es la novela La primera calle de la soledad (1993). de Gerardo Horacio Porcayo. A partir ele la publicación de esta novela aumentó la creación y difusión del género en ciudades como Puebla, Guadalajara, Tijuana, Mexicali, Tlaxcala y la ciudad de México.

Los autores de literatura de ciencia ficción buscan alejarse de etiquetas, incursionando en las fronteras entre los géneros. Estos autores disfrutan de cierta libertad, que los vuelve altamente impositivos, debido a que no se insertan en las demandas del mercado, sino que aspiran a búsquedas personales más profundas. En años recientes, la ciencia ficción, el terror y la fantasía están empezando a ser aceptadas como parte de la escena literaria.

Varios grupos han contribuido al desarrollo de esta literatura. Es el caso de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía (AMCyF). Por su parte, los integrantes del Círculo Independiente de Ficción y Fantasía (CUT) han organizado eventos en Puebla, la ciudad de México y Tlaxcala; montaron un taller de nuevas literaturas y, con la Universidad Autónoma de Tlaxcala, lanzaron el concepto de Festival Internacional de Ficción y Fantasía, el cual se realiza cada año en la ciudad de Tlaxcala.

Ha habido en México numerosas publicaciones dedicadas a esta literatura, no todas de la misma calidad o permanencia. Algunas han sido sólo intentos que pronto acabaron, por distintas razones.

Una de las empresas editoriales, en general más importantes ha sido la de Federico Schaffer, quien ha publicado, desde 1996, en Nuevo Laredo, México, la revista Umbral, que incluye principalmente ciencia ficción mexicana. Este escritor también publicó tres antologías de literatura de ciencia ficción mexicana contemporánea, Más allá de lo imaginado (1991, 1991 y 1994), así como la antología temática del quinto centenario de la llegada de Colón a América, Sin permiso de Cojón (1993).

Otras revistas importantes han sido Estacosa, dirigida por Mauricio José Schwarz e iniciada en 1991 y Asimov, editada por José Zaidenweber y Salomón Bazbaz, de 1994.

En las últimas décadas han proliferado las revistas o fanzines electrónicos, entre los que se encuentran La langosta se ha parado y Golean.

Son varios los autores mexicanos dedicados a esta literatura. Héctor Chavarría es escritor de cuentos de terror y ciencia ficción. Promovió un experimento literario que eslabono los Mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft con las leyendas mexicanas. Ganó el Premio Puebla en 1985. En 1995 publicó su novela de ciencia ficción con rasgos policiacos Adamas.

Otros autores son Irving Roffe, autor de la colección de cuentos Vértigos y Barbaries (1988): Gabriel González Meléndez, quien escribió Los Mismos grados más lejos de! centro (1991); Mauricio José Schwarz ha publicado, entre otros, el libro de cuentos. Escenas de la realidad virtual (1991) y José Luis Zárate, autor joven destacado en el género cuenta entre sus numerosas publicaciones con el libro El viajero (1987).


  • Diccionario de literatura mexicana: Siglo XX
  • Autor: Claudia Albarrán; Armando Pereira
  • Editorial: México : Univ. Nacional Autónoma de México, 2004.

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