domingo, 28 de junio de 2009

Los horrores de Abu Grahib

Bajo el pretexto de que Iraq contaba con armas de destrucción masiva que ponían en peligro la paz internacional, el gobierno de Estados Unidos dio inicio a una operación militar el 20 de marzo de 2003, cuyo objetivo era también poner fin al apoyo que, según esto, Saddam Hussein daba al terrorismo, y liberar al pueblo de su gobierno. La opinión pública internacional condenó estos planes, pues la existencia de las armas no pudo comprobarse nunca. Pera muchos analistas políticos quedaba claro que el verdadero motivo de la invasión era apoderarse de una zona estratégica para el aprovechamiento del petróleo:

En el mes de abril cayó Bagdad, la ciudad capital. Sin embargo, eso no significó la victoria de las tropas invasoras que, en el curso de los tres años siguientes, fueron desafiadas por guerrilleros y civiles con un elevado costo humano y material. A finales de 2006 la situación recordaba mucho la guerra de Vietnam en la década de los sesenta-setenta, y su fracaso marcó un descenso en la popularidad de George Bush y el Partido Republicano, que resultó derrotado por los demócratas en las elecciones intermedias de ese mismo año.
Uno de los factores más negativos para la imagen de Estados Unidos fue la difusión de los abusos y torturas llevados a cabo en la prisión de Abu Ghraib, una ciudad situada al noroeste de la capital, denunciados en abril de 2004 a través del programa de televisión 60 minutos, y de un artículo de la prestigiada revista The New Yorker. Todos los datos procedían de un documento confidencial cuyo contenido se filtró en circunstancias hasta ahora poco claras, aunque se presume que fue revelado por enemigos internos del régimen.

El general Ricardo Sánchez, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Número 7, era el oficial estadounidense más importante en Iraq. Había recibido inquietantes datos sobre los abusos que estaban ocurriendo en la cárcel y ordenó al mayor Antonio M. Taguba realizar una investigación.
Taguba preparó un documento después de recopilar la información pertinente y lo elaboró a la luz de los tratados y leyes internacionales en materia de manejo de los prisioneros de guerra. Su actitud a lo largo del texto pone de manifiesto la existencia de un sector dentro del Ejército de Estados Unidos preocupado por preservar el estado de derecho.

En su primera página el documento conocido como Artículo 15-6, Investigación de la Brigada 800 de la policía incluye las instrucciones: "Secreto. No divulgar". La sección más inquietante es la denominada "Hallazgos y recomendaciones". En ella se especifican las acciones realizadas por los militares:
  • Golpean, cachetean y patean a los detenidos; los hacen brincar descalzos;
  • Graban videos y les toman fotografías, desnudos;
  • Los colocan en posiciones sexuales explícitas para tomarles fotos;
  • Los obligan a quitarse la ropa y los mantienen desnudos por varios días;
  • Forzaban a los hombres a usar ropa interior de mujer;
  • Filmaban a los hombres masturbándose;
  • Los colocan, desnudos, en pirámides humanas, y brincan sobre ellos;'
  • Colocaron a un detenido sobre una caja, con la cabeza cubierta, y le pusieron cables en los dedos de manos y pies, así como en el pene, para simular una tortura eléctrica;
  • Escribieron en la pierna de un hombre la leyenda "soy un violador". Lo habían obligado a violar a una detenida de 15 años de, edad y luego lo retrataron desnudo;
  • A un detenido le pusieron un collar para perro en el cuello y lo hicieron posar con una soldado;
  • Un soldado violó a una mujer detenida;
  • Usan perros entrenados militarmente para intimidar y amenazara los detenidos; al menos en un caso el perro mordió al detenido y le causó fuertes lesiones;
  • Constantemente les toman fotografías.
Después de aclarar que el reporte está basado en entrevistas con testigos presenciales y victimas, añade otras formas de tortura: ataques a los prisioneros con sustancias químicas, baños de agua helada, golpes con diversos instrumentos, amenazas de violación contra los varones e inserción de palos de escoba por vía rectal. El reporte incluye, además, los nombres de los responsables de estas acciones y la recomendación de poner una solución inmediata a la situación.

El mundo quedó conmocionado por el material gráfico que acompañaba al informe, imágenes que inspiraron, incluso, un ciclo pictórico al artista colombiano Fernando Botero. A las pocas semanas salieron a la luz nuevos documentos clasificados; 106 anexos con unas 6,000 páginas de memorandos y mensajes de correo electrónico en los que se ampliaba la lista de torturas (la administración de alimentos agusanados y la violación de un niño) y se involucraba a militares de mayor rango.

Seis de ellos fueron juzgados, pero alcanzaron penas ridículas en comparación con la gravedad de los hechos. Sin embargo, el desprestigio internacional ocurrido tras la divulgación de este material fue muy grande. Giovanni Lajolo, ministro de Relaciones Exteriores del Vaticano, afirmó: "Para Estados Unidos fue un golpe mayor al de los ataques terroristas del 11 de septiembre. La diferencia fue que en esta ocasión ellos se lo dieron solos."