lunes, 27 de julio de 2009

¿Qué pasaría si los seres humanos tuvieran agallas?

En la película WaterWorld, con Kevin Costner, éste sufre una mutación que propicia el desarrollo de agallas detrás de las orejas. ¿Es eso realmente posible? ¿Acaso una mutación podría permitir al ser humano nadar en el agua como un pez, sin necesidad de recurrir a un equipo de inmersión?

Una forma de responder a esta pregunta consiste en examinar los registros evolutivos al respecto. Cada vez que la evolución ha colocado a un mamífero en el agua, tanto si se trata de una ballena, una marsopa, una morsa o un manatí, siempre lo ha dotado de pulmones en lugar de agallas. A menudo, la evolución realiza cambios drásticos para reorganizar el resto del cuerpo alrededor de los pulmones, como por ejemplo, situar el orificio de respiración en la parte superior de la cabeza en el caso de las ballenas, pero nunca ha dotado de agallas a un mamífero.

¿Por qué? La razón principal reside en el hecho de que las agallas de un mamífero tendrían que ser gigantescas. Las agallas funcionan a la perfección porque los peces, que son animales de sangre fría, no necesitan tanto oxígeno como el hombre. En efecto, un ser humano de sangre caliente necesitaría treinta veces más oxígeno por kilogramo de peso corporal que un pez de sangre fría. Al nadar, los humanos necesitarían incluso más oxigeno de lo normal. Además, los peces utilizan la boca y las aletas de las agallas para desplazar grandes cantidades de agua a través de las agallas. Los tiburones y otras especies piscícolas se ven obligados a moverse constantemente para que fluya la suficiente cantidad de agua a través de sus agallas.

Piensa en el espacio que ocupan las agallas en la cabeza de un pez y ahora imagina a un humano con treinta veces más espacio destinado a las agallas y a algún sistema que reconduzca el agua sobre su superficie. Éste es el motivo por el cual nunca verás un mamífero con agallas.

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