jueves, 30 de julio de 2009

¿Qué pasaría si un avión estuviera aterrizando en el aeropuerto donde ocurre un terrible terremoto?

Un terremoto es uno de los fenómenos más aterradores que la naturaleza nos puede deparar. En general, solemos pensar que la tierra que pisamos es sólida como una roca y completamente estable, pero lo cierto es que un terremoto puede desmentir esta apreciación en un solo instante, y a menudo con una extrema violencia. Veamos cómo se originan los terremotos para comprender qué podría ocurrir cuando el avión aterrizara.

Un terremoto es una vibración que se desplaza a través de la corteza terrestre. Técnicamente, un gran camión con remolque que pasa zumbando por la calle está ocasionando un miniterremoto; en efecto, tu casa tiembla tanto que en ocasiones da la sensación de que esté a punto de desplomarse. Pero a decir verdad, tendemos a pensar en los terremotos como sucesos que afectan a un área relativamente grande, como por ejemplo una ciudad. Aunque pueden estar provocados por un sinfín de causas (erupciones volcánicas, explosiones subterráneas, etc.), la mayoría de los terremotos que se producen de forma natural tienen su origen en los movimientos de las placas terrestres. El estudio de este tipo de movimiento de placas se llama «tectónica de placas».

Los científicos han propuesto la idea de la tectónica de placas para explicar diversos fenómenos peculiares que se producen en nuestro planeta, tales como el aparente movimiento de los continentes a lo largo del tiempo, la acumulación de la actividad volcánica en ciertas áreas geográficas y la presencia de enormes fallas en el fondo del océano. Según la teoría básica, la capa superficial de la Tierra o litosfera consta de muchas placas que se deslizan sobre la capa lubrificada de la atenosfera, y allí donde se encuentran, aparecen las fallas, es decir, fracturas de la corteza terrestre en las que los bloques de roca se desplazan, a cada lado, en direcciones diferentes.

Los terremotos son mucho más comunes a lo largo de las líneas de falla que en el resto del planeta. Una de las fallas más conocidas es la de San Andrés, en California, que establece el límite entre la placa oceánica del Pacífico y la placa continental americana, extendiéndose a lo largo de 1.050 km. San Francisco, junto con su nuevo aeropuerto internacional, está situada muy cerca de esta falla.

Cuando se produce una fractura o movimiento repentino en la corteza terrestre, la energía irradia en forma de ondas sísmicas, al igual que la energía de una perturbación en una masa de agua lo hace en forma de olas. Las ondas superficiales, que constituyen un tipo de ondas sísmicas, actúan de un modo similar a las olas en una masa de agua: desplazan la superficie de la Tierra arriba y abajo, provocando innumerables daños.

En algunas zonas, los graves daños producidos por los terremotos son el resultado de la licuación del suelo. En efecto, cuando se dan las condiciones apropiadas, la violenta sacudida sísmica hace que los sedimentos poco compactos y la tierra se comporten como un líquido. Cuando se construye un edificio o una casa en este tipo de sedimentos, la licuación puede propiciar el desmoronamiento de la estructura. Durante el terremoto de Loma Pileta, la pista de aterrizaje principal del Aeropuerto Internacional de Oakland sufrió graves desperfectos a causa de la licuación. Incluso se hallaron grietas de 90 cm de anchura.

Para contribuir a la lucha contra los terremotos, el nuevo Aeropuerto Internacional de San Francisco ha recurrido a tecnologías de construcción muy sofisticadas, una de las cuales consiste en unos gigantescos cojinetes.
En los aeropuertos situados en áreas propensas a los terremotos hay que tomar en consideración diversas cuestiones de seguridad:

La integridad de los edificios y terminales
La integridad de la torre de control
La integridad de las pistas de aterrizaje

Los 267 pilares que soportan el peso del aeropuerto disponen cada uno de ellos de un cojinete de acero de 1,5 al de diámetro. La bola descansa en una base cóncava que conecta con el suelo. En caso de producirse un terremoto, el terreno se puede desplazar 50 cm en cualquier dirección. Los pilares que descansan sobre las bolas de los cojinetes se mueven algo menos, ya que ruedan en su base, lo cual contribuye a aislar el edificio del movimiento del suelo. Al término del terremoto, la gravedad tira de nuevo de los pilares hacia el centro de su base. Esto protege de una forma muy eficaz a los pasajeros que están esperando para embarcar, pero ¿qué sucede con quienes están aterrizando?

Como ya hemos mencionado anteriormente, las pistas de aterrizaje pueden sufrir daños considerables debido a la licuación, de manera que una aeronave que aterrice inmediatamente después de un terremoto podría encontrarse con una pista en la que resultara complicado maniobrar. Si los controladores aéreos sienten el terremoto y pueden comunicarse por radio con el piloto, el avión podría desviarse y evitar el aterrizaje. Pero si se está produciendo el aterrizaje coincidiendo con la primera sacudida del terremoto, el problema no será excesivamente preocupante. El tren de aterrizaje del avión está diseñado para soportar las grandes sacudidas de los aterrizajes de emergencia y la maniobra resultará relativamente cómoda.

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