El extraño trasfondo del más grande honor mundial, el premio Nobel

Resulta irónico que el hombre que probablemente trajo al mundo más destrucción que ningún otro haya dedicado la fortuna que amasó de esa manera a la promoción de la paz. Este hombre fue Alfred Nobel, inventor de la dinamita y fundador del premio que lleva su apellido.

Nobel nació en Estocolmo en 1833, y de joven viajó alrededor del mundo. Cuando regresó a Suecia en 1863, comenzó a experimentar con la fabricación de nitroglicerina, un líquido explosivo altamente inestable. Un día, su laboratorio estalló: fallecieron su hermano menor y cuatro trabajadores. Nobel se entregó para trabajar bajo jurisdicción policial. Finalmente, encontró que la nitroglicerina podía manipularse sin peligro con un cuerpo absorbente como el sílice, vaciándola en cartuchos.

Éxito mundial

El invento de Nobel —al que llamó "dinamita"— fue un gran éxito comercial. Montó 93 fábricas en todo el mundo; para 1896, año en que murió, producían 66 300 toneladas del explosivo anuales.

A Nobel le preocupaba el mantenimiento de la paz mundial, y en su testamento estipuló que la mayor parte de su fortuna debía proveer una renta que sería "distribuida anualmente en calidad de premios a quienes durante el año precedente hubieran realizado el mayor beneficio a la humanidad".

Transcurrieron cuatro años de amargas disputas sobre la interpretación del testamento antes de que se estableciera la Fundación Nobel. Cada año debían otorgarse cinco premios (un sexto, el de economía, fue agregado en 1969) con las sugerencias de cuatro instituciones: la Real Academia sueca de Ciencias (para física, química y economía), el Real Instituto Médico Quirúrgico Karolin (para fisiología y medicina), la Academia sueca (para literatura) y el Comité Nobel noruego (para la paz).

Resultados imprevistos

A pesar de los propósitos de promover la paz, el premio Nobel ha provocado mucho rencor, competencia y envidia. Se sabe de científicos que han aplazado o acelerado la publicación de sus trabajos con el fin de ser candidatos en cierto año para un galardón. Desde el principio, los premios de literatura y ciencias han sido dados a obras genuinamente originales que en realidad han contribuido a la comprensión internacional; pero, qué tanto han promovido la paz entre las naciones, es discutible.

Lo más irónico de todo es que el público en general parece tener mucho más interés en estos premios y en la controversia que frecuentemente los rodea que en el de la paz. Al igual que otros antes que él, Alfred Nobel encontró casi imposible cambiar las condiciones del mundo.

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