sábado, 8 de agosto de 2009

¿Qué pasaría si un incendio arrasador se aproximara a tu casa?

En cuestión de segundos, una chispa, o incluso el propio calor del sol, puede desencadenar un infierno. Los incendios se propagan rápidamente, consumiendo la espesa y reseca vegetación, y casi todo lo que encuentran a su paso. Lo que otrora fue un bosque, se convierte de pronto en un horno incandescente. En un estallido aparentemente instantáneo, el fuego cubre miles de hectáreas de terreno, suponiendo un grave peligro para las casas y la vida de muchos lugareños.

En Estados Unidos cada año arde una media de 2 millones de hectáreas, ocasionando millones de dólares en pérdidas. Cuando se inicia un incendio, se puede propagar a una velocidad de hasta 23 km/h, consumiéndolo todo a su paso, y a medida que se extiende, puede adquirir vida propia, encontrando nuevas formas de multiplicarse e incluso dando origen a nuevos incendios más pequeños al arrojar tizones encendidos a kilómetros de distancia.

Tras la ignición, cuando el fuego empieza a arder, existen tres factores que controlan su propagación, y dependiendo de estos factores, un incendio puede extinguirse rápidamente o convertirse en un mecanismo arrasador que destruye miles de hectáreas. Son los siguientes:

  • Combustible
  • Climatología
  • Topografía


Los incendios se propagan dependiendo del tipo y la cantidad de combustible que los rodea, que incluye desde los árboles y el sotobosque, hasta la hierba seca y las casas. La cantidad de material inflamable que rodea un fuego se conoce como «carga de combustible», que se mide por la cantidad de combustible disponible por unidad de superficie, habitualmente toneladas por hectárea. Una pequeña carga de combustible ocasionará un incendio que arderá y se propagará lentamente, con una escasa intensidad, pero si el combustible es abundante, el fuego arderá con una mayor intensidad, provocando una propagación más rápida. Cuanto más deprisa se calienta el material, más rápida puede ser su ignición.

Dado que la vegetación constituye el combustible primario de los incendios forestales, la Agencia para la Gestión de Emergencias Federales de Estados Unidos (FEMA) recomienda dejar una zona mínima de seguridad de 9 m alrededor de la casa. Además, deberías tener en cuenta las precauciones siguientes:

  • Limitar el número y el tamaño de las plantas dentro de esta zona.
  • Sustituir las especies altamente inflamables por vegetación menos inflamable.
  • Podar los árboles desde la base del tronco hasta alrededor de 4,5 m.
  •  Arrancar las plantas trepadoras o la hiedra adosada a la casa.
  • Cortar la hierba y podar los árboles y arbustos que hay en esta zona con una cierta regularidad.
  • Eliminar los residuos vegetales tales como ramas y hojas caídas.


También se sugiere el establecimiento de una segunda zona, que se extendería hasta 30 m de la casa. Allí sería necesario reducir el volumen de vegetación y sustituir los árboles y arbustos altamente inflamables por variedades con un menor poder de ignición.

El follaje no es ni mucho menos el único culpable de la propagación de un incendio que se puede encontrar en las inmediaciones de la casa. También deberías considerar de qué material está construida y las fuentes de combustible que guardas en sus proximidades. Si vives en una zona con una larga historia de incendios forestales, es probable que tu casa ya esté revestida de materiales retardantes de la ignición. Así, por ejemplo, un tejado de pizarra o metálico resulta muchísimo más aconsejable que las tejas de madera habituales. Respecto a los cobertizos exteriores o construcciones diseñadas para almacenar materiales inflamables, tales como pintura, queroseno, gasolina o propano, deberías instalarlos a 3 o 4,5 m de la casa y de cualquier otra estructura. Esto incluye la barbacoa de gas de la terraza, por supuesto.

La temperatura influye directamente en el desencadenamiento de los incendios forestales. Las ramas, los árboles y el sotobosque reciben el calor radiante del sol, que calienta y seca los combustibles potenciales. A temperaturas más elevadas, aumentan las probabilidades de ignición de los combustibles y de que ardan más deprisa, acelerando la propagación del fuego. De ahí que los incendios forestales arrecien por la tarde, cuando las temperaturas son más cálidas.

El viento tal vez sea el factor que tiene una mayor incidencia en el comportamiento de un incendio forestal, además de ser el más impredecible. Suministra oxígeno adicional al fuego, le proporciona más combustible potencial seco y lo empuja a través del terreno a un ritmo más acelerado.

Cuanto más fuerte sopla el viento, más rápidamente se propaga el fuego. Asimismo, los incendios generan vientos propios diez veces más veloces que el viento ambiental e incluso pueden elevar ascuas en el aire y crear nuevos incendios. Este proceso se denomina «diseminación». Por otro lado, el viento también es capaz de cambiar la dirección del fuego, y las ráfagas pueden elevar el fuego hasta las copas de los árboles, originando una corona de fuego. Evidentemente, no es posible hacer nada para alterar la climatología, pero sí observarla detenidamente. Si se ha desencadenado un incendio forestal en tu zona, no está de más prestar atención a los cambios en la dirección del viento, su velocidad o la humedad. Cuando la humedad es baja, lo cual significa que existe una escasa cantidad de vapor de agua en el aire, es cuando aumentan las probabilidades de que se produzca un incendio. Por el contrario, a mayor humedad, menos probabilidades de que el combustible se reseque y arda.

Otro factor decisivo en el comportamiento de los incendios forestales es la topografía, o trazado del terreno. Aunque suele permanecer virtualmente inmutable a lo largo del tiempo, a diferencia del combustible y de la climatología, la topografía puede contribuir o dificultar la progresión del fuego. El elemento más importante en la topografía es la pendiente. A diferencia de los humanos, los incendios suelen desplazarse mucho más rápido cuesta arriba que cuesta abajo, y cuanto más pronunciada es la pendiente,, más deprisa avanza el fuego. Los incendios viajan en la dirección del viento ambiental, que casi siempre fluye hacia arriba por la ladera de una colina o una montaña. Por si fuera poco, el humo y el calor derivados del fuego son capaces de precalentar el combustible situado mucho más arriba de la colina, pues se desplazan en esta dirección.

Cuando un incendio alcanza la cima de una colina, su capacidad de avance cuesta abajo se reduce considerablemente al no poder precalentar el combustible situado a lo largo de la pendiente. Así pues, si vives en una colina deberás seguir estrictamente los consejos mencionados con anterioridad, asegurándote de que tu zona de seguridad cubre la cara de la pendiente de la propiedad. Asimismo, según FEMA, sería aconsejable ampliar la zona de seguridad más allá de los 9 m mínimos. Recuerda que de lo que se trata es de interrumpir el suministro de combustible para que el fuego no pueda propagarse.

Otra cosa que deberías hacer, tanto si tu residencia se halla en las proximidades de un incendio como si no, es disponer de un plan de evacuación. En caso de producirse un incendio forestal, dicho plan debería no sólo incluir el procedimiento más adecuado para abandonar la casa, asegúrate de instalar escaleras de incendios para las plantas superiores, sino también una vía de escape con alternativas por si algunas carreteras estuvieran bloqueadas.

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