martes, 1 de septiembre de 2009

¿Cuántas palabras declama el príncipe de Dinamarca (Hamlet)?

La próxima vez que veas una producción de Hamlet, de Shakespeare, piense en el príncipe. En esta obra, la más larga del bardo de Stratford, el protagonista de Hamlet debe declamar 1,530 líneas con un total de 11,610 palabras.

En cambio, La comedia de las equivocaciones, la obra más corta del mismo autor, tiene sólo 1,778 líneas, menos de la mitad que Hamlet (3,931 líneas). Entre 1590 y 1610, Shakespeare escribió más de 100,000 líneas teatrales y creó 1,277 personajes, mayores y menores. Su vocabulario fue uno de los más ricos de la literatura inglesa. En sus obras utiliza más de 30,000 palabras, o sea el doble del léxico promedio de un individuo educado de fines del siglo actual.

Casi la mitad de sus obras fueron publicadas por separado en vida del autor, en el formato en cuarto, que consiste en doblar un pliego de papel en cuatro. El origen de estos textos se debió a menudo a ediciones piratas de argumentos o apuntes, escritos de prisa durante representaciones y sin corregir. En una edición en cuarto de Hamlet está la frase inmortal: "Ser o no ser, éste es el problema." Por fortuna, siete años después de la muerte de Shakespeare en 1616, dos de sus amigos produjeron una edición fiel de sus obras completas, el Folio, que ha servido de base para muchas ediciones subsecuentes.
Dudas sobre la autoría

Algunos críticos aún se niegan a creer que un simple actor, educado en una escuela de segunda enseñanza del centro de Inglaterra, con "poco latín y menos griego", pudiera escribir obras de tanta fuerza como las de Shakespeare. En distintas épocas, todas o algunas han sido atribuidas a toda una gama de posibles autores, como el conde de Oxford, el filósofo Francis Bacon y una monja isabelina.
En aras de ser realistas, debe admitirse que las obras de Shakespeare están llenas de anacronismos y pequeños absurdos. Por ejemplo, un reloj suena en la antigua Roma, 10 siglos antes de que se inventaran los relojes, y Cleopatra juega billar. En “Cuento de invierno”, un barco atraca en las costas de Bohemia, región que no tiene acceso al mar. Y en El Rey Lear, el duque de Gloucester, supuestamente un noble precristiano, habla de gafas, cuando los anteojos no se usaron en Inglaterra antes de 1400.
Sin embargo, todo esto no importa. Shakespeare es por lo visto indestructible: sus obras se representan más que las de cualquier autor teatral en la historia del mundo, y son tan populares hoy como durante los últimos 400 años. El fue en realidad, como escribió su contemporáneo Ben Jonson, un autor "no de una época, ¡sino de siempre!"
La última voluntad

Cuando shakespeare murió el 23 de abril de 1616, al cumplir 52 años, era un hombre próspero, como lo atestigua su testamento. Por ejemplo, el legado para su hija mayor, Susanna, incluyó "todos mis graneros, establos, huertos, jardines, terrenos, propiedades y bienes..."

No obstante, para su esposa Ana Hathaway hubo sólo una mención en el testamento: "Ítem: dejo a mi esposa la segunda mejor cama con el mobiliario." ¿Revelaba esto una falta de amor marital? Tal vez no. Como viuda de Shakespeare, Ana recibiría una herencia considerable por derecho, lo cual no requería especificación. Y la "segunda mejor cama" había sido el tálamo conyugal de toda su vida, ya que la mejor cama estaba reservada para visitantes. De tal suerte, quizás hubo un detalle amoroso después de todo. Ausente por completo del testamento está cualquier referencia al gran legado de obras y poemas que dejó Shakespeare. Al no haber leyes de derechos de autor, las obras no pertenecían a nadie ni tenían valor monetario alguno.

Por cierto, MACBETH es considerada una obra de mala suerte, ya que por tradición se cree que el texto incluye un parlamento de verdadera magia negra. Los actores siempre evitan referirse a la obra por su nombre, en vez de lo cual la llaman "la obra escocesa", y nunca la citan en el camerino.

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