-Los católicos me ponen nervioso -dije-, porque juegan sucio.
-¿Y los protestantes? -preguntó riendo.
-Me irritan con su manoseo de las conciencias.
-¿Y los ateos? -seguía riéndose.
-Me aburren, porque siempre hablan de Dios.
-¿Y qué es usted, pues?
-Soy un payaso -dije-, de momento, superior a mi fama.
Heinrich Böll, Ansichten Eines Clowns, 1963


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