viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Qué pasaría si dispararas accidentalmente a alguien con tu «pistola para aturdir»?

En la vieja serie Star Trek, el capitán Kirk y su tripulación nunca abandonan la nave sin sus inseparables armas, una de cuyas características más sobresalientes es la capacidad de aturdir al enemigo. Nos hallarnos aún muy lejos de disponer de semejante armamento futurista, pero lo cierto es que millones de agentes de policía, soldados y ciudadanos de a pie llevan armas para aturdir con la finalidad de protegerse de los ataques personales.

Solemos pensar en la electricidad como en una fuerza perjudicial para el organismo. Si te alcanza un rayo o introduces el dedo en una toma de corriente, la sacudida puede dejarte inconsciente o incluso matarte. Pero en pequeñas dosis, la electricidad es inofensiva. En realidad, constituye uno de los elementos más esenciales del cuerpo humano. Necesitamos electricidad para hacer virtualmente cualquier cosa.

Cuando quieres preparar un sándwich, por ejemplo, el cerebro envía un impulso a través de una célula nerviosa hacia los músculos del brazo. La señal eléctrica dice a la célula que libere un neurotransmisor —una sustancia química de comunicación— en las células musculares. Los neurotransmisores indican a los músculos que deben contraerse o dilatarse de la forma apropiada para poder preparar el sandwich en cuestión. Al cogerlo, las células nerviosas sensibles de la mano envían mensajes al cerebro que te permiten apreciar el aspecto del sándwich, y cuando por fin te lo llevas a la boca, ésta envía señales al cerebro informándole acerca de su sabor.

De este modo, las diferentes partes del cuerpo utilizan la electricidad para comunicarse entre sí. En realidad, se parece a una red telefónica o a Internet. Se transmiten pautas eléctricas especificas para transmitir mensajes reconocibles.

La idea básica de un arma de aturdimiento consiste en interrumpir este sistema de comunicación, o lo que es lo mismo, que la carga tiene muchísima presión, pero menos intensidad. Al apretar el gatillo, la carga se transmite al cuerpo de la otra persona, y dado que tiene un voltaje relativamente elevado, pasa a través de la ropa y la piel. Sin embargo, la carga, de alrededor de 3 miliamperios, no es lo bastante intensa como para dañar el cuerpo, a menos que se aplique durante un largo período de tiempo.

Aun así, la carga no vierte una cantidad excesiva de información en el sistema nervioso de la víctima y se combina con las señales eléctricas del cerebro. Es algo parecido a introducir una corriente externa en una línea telefónica. La señal original se mezcla y genera ruido, dificultando el proceso de descifrado de los mensajes. Así pues, con el arma de aturdimiento generando un tono de «ruido», al individuo le resulta muy difícil impartir a sus músculos una orden de movimiento. Se siente confuso y desequilibrado, además de permanecer paralizado temporalmente.

La corriente se puede generar con una frecuencia de impulso que simule las propias señales eléctricas del cuerpo. En este caso, indicará a los músculos que deben realizar un extraordinario esfuerzo en un corto periodo de tiempo. A decir verdad, la acción en los músculos se produce a nivel celular, de manera que no podrás apreciar la menor sacudida o movimiento convulsivo en el destinatario de la carga, la cual no hace sino reducir las reservas de energía de la persona, dejándola demasiado débil como para moverse. Al fin y al cabo, ésta es la finalidad que se persigue, ya que habitualmente un arma de aturdimiento se utiliza contra un atacante.

La eficacia de este tipo de armas puede variar dependiendo del modelo, el tamaño de la víctima y la duración de la descarga. Si las usas durante medio segundo, el individuo notará un leve shock doloroso; si prolongas la descarga durante uno o dos segundos, experimentará espasmos musculares y quedará aturdido; y si se trata de una descarga de más de tres segundos, perderá el equilibrio, se desorientará e incluso puede perder el control muscular. No obstante, la determinación puede ser un factor atenuante. En efecto, los atacantes muy resueltos en su acción y con una cierta fisiología son capaces de soportar perfectamente cualquier tipo de descarga.

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