lunes, 14 de septiembre de 2009

¿Qué pasaría si el ser humano tuviera exoesqueleto?

Tanto los seres humanos como los reptiles, los anfibios, las aves y los peces tienen un esqueleto interno. Los músculos están unidos al esqueleto para propiciar el movimiento, y nuestro exterior está cubierto por una suave piel. Pero un elevado porcentaje de la vida en este planeta lo tiene todo al revés (¿o acaso somos nosotros quienes lo tenemos al revés?). En efecto, muchos animales tienen un esqueleto exterior en forma de exoesqueleto. Los insectos constituyen el ejemplo más evidente, así como los crustáceos (langostas, cangrejos, etc.).

¿Cuáles serían las ventajas para el ser humano si estuviera provisto de un exoesqueleto? Cualquiera que haya intentado abrir una pata de cangrejo sabe por experiencia que los exoesqueletos son muy duros. Así pues, un exoesqueleto reduciría considerablemente los cortes y heridas. ¡Por otro lado, los profesionales del fútbol americano no necesitarían llevar todas aquellas almohadillas acolchadas para evitar las consecuencias de los encontronazos!

Así pues, ¿por qué no tenemos exoesqueletos? La principal razón es que, fisiológicamente hablando, resultan muy poco prácticos y a decir verdad pueden ser bastante peligrosos. Muchas criaturas que disponen de un exoesqueleto experimentan un proceso conocido como muda, en el transcurso del cual pierden completamente su caparazón exterior y lo sustituyen por otro nuevo. Por desgracia, el nuevo exoesqueleto no está totalmente acabado cuando pierden el original. El tiempo que tarda en endurecerse la nueva protección depende directamente del tamaño del animal. Cuanto mayor es, más tarda, y durante este período es extremadamente vulnerable, quedando expuesto a los elementos, los depredadores e incluso a las enfermedades.

Aunque tener un exoesqueleto no sería prudente para los humanos, algunas personas creen que existen razones para confeccionar una versión portátil. El hombre no es ni mucho menos la criatura más veloz de la Tierra, y está limitado en la cantidad de peso que puede cargar y transportar. Estas debilidades pueden resultar fatales en el campo de batalla. De ahí que la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa de Estados Unidos (DARPA) haya decidido invertir 50 millones de dólares en el desarrollo de un traje-exoesqueleto para la infantería. Este sistema robótico podría conferir al soldado la capacidad de correr más deprisa, de llevar un armamento más pesado y de saltar grandes obstáculos. Asimismo, estas maquinas-exoesqueleto podrían estar equipadas de sensores y de un sistema de receptores de posicionamiento global (GPS). 

Los soldados podrían utilizar esta tecnología para obtener información acerca del terreno por el que están avanzando y como sistema de navegación para dirigirse a emplazamientos específicos. La DARPA también está desarrollando telas computerizadas que se podrían usar conjuntamente con los exoesqueletos para controlar el ritmo cardiaco y respiratorio.

Básicamente, estos artefactos portátiles proporcionarían habilidades muy avanzadas a los seres humanos. Imagina un batallón de súper soldados capaces de transportar centenares de kilogramos de peso con la misma facilidad con la que se desplazan 5 kg y que asimismo pudieran correr a una velocidad doble de la normal.

El potencial para las aplicaciones no militares también sería fenomenal. Si el ejército norteamericano consigue hacer realidad sus propósitos, dispondrá de compañías de súper soldados capaces de saltar más alto, correr más rápido y levantar un peso enorme simplemente enfundándose estos exoesqueletos. No obstante, está previsto que el desarrollo de estos dispositivos se prolongue durante varios años, si no décadas.