viernes, 18 de septiembre de 2009

¿Qué pasaría si participaras en uno de esos programas televisivos de supervivencia y tuvieras que caminar sobre el fuego o dormir en una cama de clavos?

Caminar sobre el fuego es una de las cosas más impresionantes que se pueden ver en algunos programas televisivos nocturnos y en algunos extraños rituales religiosos. El procedimiento es siempre el mismo: un lecho de carbones ardientes por el que andan los «caminafuegos» sin quemarse, como por arte de magia. ¿Cómo lo hacen? ¿Lo puede realizar cualquier persona tan fácilmente cómo ellos?

Ante todo, existen algunos aspectos acerca de este fenómeno que merecen un comentario especial: En primer lugar, los caminafuegos no son auténticos camina «fuegos», sino mejor, camina «carbones». Si hubiera llamas, el truco no daría resultado. El fuego se enciende con la suficiente antelación como para que la madera quede reducida a rescoldos sin llama.

Asimismo, habrás comprobado que este tipo de espectáculos siempre se realizan de noche. De día, el lecho de carboncillos parecería un lecho de cenizas. Los carbones siempre están cubiertos de una capa de ceniza, pero por la noche, la brillante luminosidad rojiza sigue siendo visible a través de la misma.

Ningún caminafuegos que se precie correrá al pasar sobre las brasas. Sería indigno. Sin embargo, caminan con presteza. Nunca los verás de pie, inmóviles sobre los carbones encendidos.

Por último, verás que caminan siempre sobre los rescoldos propiamente dichos, pero jamás, por ejemplo, sobre una placa metálica situada sobre ellos. Si lo hicieran, las quemaduras serían considerables, mientras que caminando directamente sobre los carbones resulta inocuo.

Así pues, ¿qué sucede en realidad? Caminar sobre el fuego consiste en una combinación de escasa conductividad, aislamiento y un breve período de tiempo.

Una brasa de madera es un mal conductor del calor. Está formada por carbono casi puro y es muy ligera. Se necesita un período de tiempo relativamente largo para que el calor se transfiera a la piel. Si el carbón se sustituyera por placas metálicas al rojo vivo, el calor se transferiría casi instantáneamente, con lo cual sufrirías graves quemaduras.

Por otro lado, la ceniza es un excelente aislante. De ahí que los carbones cubiertos de ceniza transfieran su calor aún más lentamente si cabe.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el tiempo de permanencia sobre los rescoldos es muy breve. Aunque el calor de un carbón al rojo vivo se transmite lentamente, lo cierto es que aun así se transmite, y si permanecieras de pie e inmóvil sobre ellos durante algunos segundos, las quemaduras serían graves e inevitables. Al caminar dando pequeños saltitos se reduce el contacto de los pies con las brasas individuales, y al hacerlo muy deprisa, se limita el período de tiempo total de permanencia sobre el lecho de carbones. En consecuencia, los pies nunca se calientan lo suficiente como para quemarse. Si te piden que camines sobre carbones en algún programa televisivo de supervivencia, asegúrate de que se trata de auténticas brasas, no de llamas. Comprueba también si existe un poco de ceniza. Luego, camina lo más deprisa que puedas de un lado a otro. ¡Conseguirás el ansiado cheque de un millón de dólares en un abrir y cerrar de ojos!

La cama de clavos es aún más simple. A efectos de cálculo, vamos a suponer que mides 1,80 m de estatura y 35 cm de anchura. Esto significa que una cara de tu cuerpo tiene 6.300 cm' de superficie. Una típica cama tendrá los clavos separados a una distancia de 2,5 cm o incluso menos. Al echarte en ella, habrá 6.300 puntos de contacto entre la piel y los clavos. Si pesas 74 kg, cada clavo soportara sólo 85 g de peso, es decir, relativamente poco. El globo que se presiona sobre una cama de clavos sin estallar constituye un clásico ejemplo. La presión total se distribuye entre tantos puntos que ninguno de ellos es capaz de hacerlo estallar.

El principal problema con una cama de clavos es tumbarse y levantarse. Si no tienes cuidado, el punto inicial de contacto puede tener un área de escasa superficie soportando un gran peso. Al echarte, procura soportar la mayor parte de tu peso con las manos y los pies en el suelo, apoyando poco a poco el cuerpo sobre los clavos a medida que se incrementa la superficie de contacto. ¡Los vaqueros también ayudan!

El otro problema es la cabeza, que es pesada y redondeada, de manera que sólo unos cuantos clavos están en contacto con ella. Si no te andas con ojo, puedes lastimarte. ¡La mejor solución es una almohada! Pero si en el concurso no te autorizan a utilizarla, utiliza los músculos del cuello para mantener la cabeza elevada.

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