Para empezar, tengamos en cuenta que el aire en el que se forman las auroras está en gran medida vacío. Se notaría un débil brillo alrededor de uno, pero no en un entorno de unos 10 metros, debido a que la capa de gas excitado es bastante delgada.
Las cortinas de las auroras tienen un grosor que no llega al kilómetro. El que resulten tan espectaculares se debe al contraste con la oscuridad del cielo. Este contraste puede no ser tan evidente si uno se halla en el interior de la aurora, y debido a que la región se halla sometida al bombardeo de electrones energéticos, opino que el viajero desarrollaría una notable carga eléctrica.


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