martes, 1 de septiembre de 2009

Un sacrificio por la ciencia

Francis Bacon, quien se auto nombró "portavoz de la nueva época", fue el primero en insistir en que las ideas científicas debían verificarse experimentalmente antes de ser aceptadas.

A principios de 1626, Bacon, a sus 65 años, emprendió un viaje en diligencia con el doctor Witherborne rumbo a la colina Highgate, en las afueras de Londres. Los dos amigos discutían acerca de cómo se podrían conservar los alimentos en el hielo. Al ver la cúspide de la colina cubierta de nieve, Bacon propuso un experimento. Le compró un pollo a una mujer que vivía por ahí y le pidió que lo matara y se lo entregara limpio. Él le ayudó a rellenarlo con nieve.

Todo esto tomó tiempo, y Bacon se enfrió tanto con la nieve que empezó a tiritar violentamente. Al poco rato estaba tan enfermo que no pudo continuar el viaje. Lo llevaron a una casa cercana, propiedad de su amigo el conde de Arundel.

Tuvo la mala fortuna de que ahí le dieran una cama húmeda; el enfriamiento se volvió bronquitis. Murió el 9 de abril. "En cuanto al experimento", escribió en su última carta, "fue un rotundo éxito."

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