martes, 20 de octubre de 2009

Cómo investigó un rey egipcio el origen del habla

Según el historiador griego Herodoto, en el siglo VII a.C. el rey de Egipto, Psamético I, decidió realizar un experimento científico. Con el poder absoluto que tenía sobre sus súbditos, tomó a dos recién nacidos y se los entregó a un pastor, con instrucciones de que los criara en total aislamiento. Ante todo, nadie pronunciaría palabra alguna en presencia de las criaturas. Psamético quería averiguar qué lenguaje hablarían los pequeños si se los dejaba solos. Supuso que recurrirían al más antiguo del mundo, a la lengua original de la raza humana.

Al cabo de dos años, según Herodoto, el pastor escuchó a los dos niños pronunciar repetidamente la palabra becos. Ésta se identificó como "pan" en el lenguaje de los frigios, pueblo que entonces vivía en Turquía central. A partir de este experimento, Psamético dedujo que el frigio fue el primer idioma que se habló.

Nadie cree ahora en la conclusión de Psamético, pues se considera que los niños sólo imitaron el balido del rebaño. Sin embargo, hasta hoy no se ha logrado descubrir cómo fue el primer lenguaje que habló el hombre.

Tema para teóricos

Varios eruditos han propuesto una gama de singulares conjeturas. Una es la teoría de la imitación, según la cual el primer lenguaje del ser humano se compuso de imitaciones de sonidos de animales. Otra, la teoría de los cantos, afirma que el lenguaje comenzó con ritmos que cantaba la gente al trabajar en grupo. Conforme a la teoría del amor, el habla se originó en sonidos relacionados con idilio y música. Por último, la teoría de las emociones plantea que las primeras palabras fueron sonidos instintivos, emitidos a raíz de emociones fuertes, como ira o pena. Todas estas teorías se consideran hoy poco acertadas.

La verdad es que no se conoce el origen del habla, que data de hace mucho tiempo. Según los eruditos, probablemente se remonte a unos 40,000 años, casi 35,000 antes de que los sumerios inventaran la escritura, y por su misma naturaleza no dejó huella.

La excepción de Europa Occidental

Todavía no se ha identificado una relación convincente entre el vasco y cualquier otra lengua, viva o muerta. Después de una investigación exhaustiva no sabemos mucho más, acerca de sus orígenes, que quienes creen en la antigua tradición popular de que el vasco fue el idioma que Adán hablaba en el Jardín del Edén o de que lo llevó a España Tubal, quinto hijo de Jafet, hijo de Noé.
Hoy, la lengua vasca se restringe a un área de 10,000 km2 en los Pirineos occidentales, donde hay más de 700,000 hablantes en España y menos de 200,000 en Francia. De éstos, la mayoría es bilingüe, muchos no hablan perfectamente el vasco y algunos emplean dialectos que incluso a otros vascos les resulta difícil entender.

Pocos cambios a través de los siglos

No hubo intentos serios de poner por escrito el vasco hasta antes del siglo VXI, de modo que los registros más antiguos se limitan a unos pocos fragmentos. Esto demuestra que la lengua ha cambiado poco desde el siglo X, y probablemente desde mucho antes. Originalmente los vascos abarcaban un área mucho mayor que la actual, pero las sucesivas oleadas de inmigrantes e invasores, en particular los celtas y romanos, hicieron que sus territorios disminuyeran. Sin embargo, el aislamiento de la patria vasca y el fuerte sentido de identidad e independencia hicieron que su lengua sobreviviera, a diferencia de la lengua ibera, que se hablaba en el sur y este de España antes de la época romana y que ha desaparecido totalmente.

La gramática y pronunciación inusuales de la lengua vasca la hacen muy difícil de aprender para quienes hablan inglés u otros idiomas europeos; los sonidos periódicos de "z" y "tz" son especialmente desalentadores. Pero para un niño que aprende a hablar en el seno familiar, un idioma no es más difícil que otro, y los vascos llaman a su lengua Euskara, que en vascuence significa "hablar claro".

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