miércoles, 14 de octubre de 2009

El teléfono imaginado como instrumento para destruir el mundo

La escena es usual en películas de acción situadas en plena Guerra Fría: en el Pentágono (EUA) hay un teléfono rojo sobre un escritorio, en una habitación muy custodiada. Suena el aparato, lo descuelga el presidente de EUA y conversa con el premier ruso de modo breve y al grano. El presidente cuelga el teléfono y oprime el botón nuclear. La civilización desaparece en una nube radiactiva.

Esta imagen cinematográfica de la famosa "línea de emergencia" entre la Casa Blanca y el Kremlin se halla tan arraigada que el mismo Ronald Reagan, cuando fue presidente, se refirió en una ocasión al "teléfono rojo". La realidad es muy distinta. Ni siquiera se trataba de una conexión telefónica, sino de un doble enlace de satélite que transmitía mensajes por teleimpresora y, desde 1984, también por fax.

Establecido a raíz de la crisis de los misiles cubanos de 1962, se concibió para conjurar una guerra entre las dos superpotencias. Aunque es un secreto de Estado cuántas veces se utilizó desde su creación, se sabe que se empleó cuando las tropas soviéticas invadieron Afganistán en 1979.

Para excluir posibles deficiencias en la transmisión de mensajes, el equipo se probaba 24 veces al día. Estadounidenses y rusos se alternan en la emisión de transmisiones inocuas, no provocativas; por ejemplo, el reglamento de la Asociación Profesional de Golfistas por parte de EUA y una narración enciclopédica de los peinados que estuvieron de moda en Rusia durante el siglo XVII.

El mensaje que más desconcertó a los rusos y puso a trabajar horas extra a los expertos moscovitas en códigos fue el que enviaron los estadounidenses cuando se inauguró la línea en 1963: "The quick brown fox jumps over the lazy dog. 1234567890." (La frase contiene todo el alfabeto inglés y tan sólo significa: "El veloz zorro castaño brinca encima del perezoso perro.")

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