miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sin resistencia, se lograría la total eficacia eléctrica

En 1987, K. Alex Muller, de Suiza, y J. Georg Bednorz, de Alemania Occidental, rompieron una marca de velocidad: obtuvieron el premio Nobel de física antes de que pasaran dos años de haber dado a conocer su adelanto científico. Ello se debió a la importancia atribuida a su descubrimiento: los superconductores de "alta temperatura", materiales que no presentan resistencia eléctrica, o sea por los que la electricidad atraviesa sin perder energía. Todos los aparatos eléctricos cotidianos tienen alguna resistencia que mina el flujo de energía, de la misma manera que un trozo de queso aminora la velocidad del cuchillo que lo rebana.
Sin embargo, el término "alta temperatura" aplicado a superconductores resulta un poco errado. En 1911, el físico holandés Kamerlingh Onnes descubrió que el mercurio perdía resistencia eléctrica a una temperatura extremadamente baja: 4.12°K (-269.03°C). A principios de 1986, Muller y Bednorz tuvieron éxito al descubrir un compuesto de cerámica que supercondujo a 35°K (-238°C). De ahí que un superconductor de "alta temperatura" sea, en realidad, extremadamente frío.

¿Por qué son tan importantes? La razón es económica. La industria eléctrica pierde, en la resistencia de transformadores y líneas de conducción, 2% de lo que genera; un desperdicio de 800 millones de dólares en electricidad al año en un país como el Reino Unido.

Una vasta serie de aparatos eléctricos aumentarían drásticamente en eficacia si funcionaran al 100 % de su capacidad. Las computadoras trabajarían más rápido. El alto consumo de energía de los trenes libres de fricción, que usan suspensión magnética, se reduciría enormemente. Los sistemas de exploración médica a base de magnetismo serían más baratos y, por lo tanto, más accesibles a quienes los requieren.
En 1989 se encontró un compuesto cerámico de óxidos de talio, bario, calcio y cobre que se tornó en superconductor a 128'K (-145"C). Por supuesto que el superconductor ideal funcionaría a temperatura ambiente y no requeriría de ningún tipo de enfriamiento.

El obstáculo para este sueño es que nadie ha descubierto por qué los superconductores pierden su resistencia eléctrica. Si los superconductores a temperatura ambiente aún parecen un sueño, los de tipo superfrío quizá ocupen un lugar en la tecnología del futuro: en fábricas espaciales, donde mantener bajas temperaturas no es problema.

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