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Un arquitecto enfrenta el máximo desafío en el diseño: reorganizar la vida cotidiana

A fines de la década de 1920, un fugitivo de la justicia en quiebra, un arquitecto sin hogar, comenzó los planos para una ciudad perfecta. La nueva comunidad, que se llamaría Broadacre City, consistía de innumerables granjas. Las casas iban a ser sencillas y funcionales, en armonía con el ambiente. Pero Broadacre sería más que un modelo de buena arquitectura: sería también un nuevo modo de vida.

La buena vida Para quienes vivieran en esa ciudad no habría trabajos pesados ni abismos entre el trabajo y el ocio. Las granjas —cada finca era una granja— serían grandes terrenos con jardines. Las fábricas serían centros de artesanías. El gobierno sólo existiría para resolver lo esencial de la administración. Así imaginó que sería la vida en Broadacre City el arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright, quien había alcanzado renombre mundial por construir casas que combinaban perfectamente con el escenario natural pese a su diseño ultramoderno. Pero cuando empezó a trabajar en su ciudad de ensueño va le habían ocurrido excesivas desgracias.

Wright había tenido rupturas matrimoniales y complicados divorcios, además de que su amante murió en un incendio que destruyó por completo la casa de sus sueños, Taliesin, cerca de Spring Green, Wisconsin. Después de la Primera Guerra Mundial su reputación se había venido abajo y le fue difícil encontrar trabajo. La máxima afrenta fue su arresto por adulterio a los 60 años. Broadacre era su respuesta al maltrato con que el destino v el mundo moderno le habían pagado.

En una palabra resumió su sentir respecto de los problemas de las ciudades modernas: lucro. Había que pagar por las ideas, el terreno e incluso por el dinero (cuando es prestado). Para Wright, un sistema así era inherentemente explotador. Creía que los habitantes de las ciudades modernas no se concebían a sí mismos como individuos productivos, por lo que eran esclavos del lucro.

En Broadacre City tal esclavitud sería imposible. Todas tendrían terreno donde cultivar alimentos suficientes para sus familias. No habría oportunidad para los forasteros de interponerse entre el ciudadano y lo que éste produjera ni de explotarlo por dinero. Los bienes y servicios serían intercambiables, en vez de comprarse o venderse por lucro.

¿Se ha construido algo semejante a Broadacre City?  No. Pero las casas sorprendentemente originales que Wright edificó y los elaborados bocetos que hizo de Broadacre City permanecen como muestra de lo que el gran arquitecto imaginó y lo que pudo haber sido.

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