lunes, 15 de febrero de 2010

Amadeus, la película

Los orígenes de AMADEUS (1984) son teatrales. El realizador checo Milos Forman que llevaba varios años exilado entre Europa y los Estados Unidos vio la obra en Londres, a raíz de su estreno en el National Theater de esta ciudad y se puso en contacto inmediatamente con el autor de la obra, el exitoso Peter Shaffer, el cual ya había llamado la atención del mundo del cine, siempre atento a los éxitos literarios y teatrales, con vistas a su posible adaptación cinematográfica y alguna de las obras del dramaturgo ya habían sido adaptadas para la pantalla grande.

Shaffer ya en la fecha de estreno de AMADEUS, en la versión teatral en noviembre de 1979 aceptó la propuesta de Milos Forman y respetó fielmente su palabra, guardando para el checo la opción de su obra a lo largo de dos años, a pesar de presentarse nuevas ofertas, que coincidían con la creciente popularidad de la obra en el escenario. Finalmente, a finales de 1982 comenzó la elaboración del guión cinematográfico, que si bien aparece firmado únicamente por Shaffer, fue fruto de la estrecha relación entre el dramaturgo y el cineasta. Estos permanecieron prácticamente encerrados durante cuatro meses, sometidos a un estricto y duro régimen horario, hasta que dieron por finalizada la tarea de un primer guión, en el que ya aparecían una serie de diferencias (escenas enteras), con el original.

El argumento estaba libremente basado en la vida del insigne Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los más extraordinarios y geniales compositores de todos los tiempos. Y naturalmente, de su música. Cabe advertir de entrada que no se trata de un «biopic» como gustaban de llamar en Hollywood a las películas de carácter biográfico, sino de una fabulación alrededor de una serie de anécdotas situadas en los últimos años de la vida del compositor. Su matrimonio, sus enfrentamientos con las autoridades, las dificultades para estrenar sus óperas, sus triunfos, de los que se daban algunas pinceladas de su infancia de niño prodigio y sus fracasos, conformaban de manera aproximada el sustento argumental.

Por otro lado, su enfrentamiento, de carácter ficticio tal y como aparece en el film, con su contemporáneo, aunque de mayor edad, Antonio Salieri, se convertía en el principal nudo argumental, en la historia de amor-odio, admiración y celos, que conducía ambiguamente hasta el crimen mismo, dando una explicación fantástica de los últimos días de la vida del compositor y de su muerte. Una de las escenas más brillantes del film era precisamente la de la última noche del compositor, en la que Mozart agonizante dicta, poseído de su genio creador, las últimas notas de una partitura a un Salieri febril, que las va anotando anonadado por la grandeza de las mismas.
Pese a contar con un director checo y un guionista inglés, la película fue producida en los Estados Unidos por la Saul Zaentz Company. Se contó con el joven Tom Hulce para interpretar al compositor, quien dio a su papel un despego y un histriosismo que molestó a los ortodoxos admiradores del compositor. En el film, sin dudar ni un momento de la genialidad de Mozart, se confería al personaje un cariz rebelde, aniñado, revoltoso e irresponsable.

Resultó perfecto, en cambio, F. Murray Abraham, que literalmente bordó su personaje de Salieri, un papel que relanzó su carrera, hasta aquel momento relegada a roles que no hacían justicia a su enorme capacidad actoral. Completaba el reparto Elisabeth Berridge, en el papel de Constanza, la joven esposa del compositor, aunque quedaba oculto por la gran interpretación de los anteriormente citados.

La música era naturalmente de Mozart y en menor grado la de otros compositores de su tiempo, como el mismo Salieri. Fue coordinada por el especialista John Strauss y la dirección corrió a cargo del gran director Sir Neville Marriner. La extraordinaria fotografía de Miroslav Ondricek, y el trabajo de Patricia Von Bradenstein, Joseph Svoboda y Theodor Pistek en los decorados y vestuario contribuyeron no poco al extraordinario y barroco aspecto del film, una de sus grandes brazas indiscutibles.

La película cosechó un enorme éxito de crítica y público, que se vio además ampliamente refrendada en la concesión de los «oscars», ya que recibió la inusual cantidad de ocho estatuillas de la Academia, entre las que se contaban las más grandes, lo que convertía a AMADEUS en el film musical más premiado de la historia de los «oscars», tras las diez estatuillas concedidas a WEST SIDE STORY.

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