miércoles, 17 de febrero de 2010

La función determina la forma

Especies animales sin relación alguna, pero con modos de vida semejantes, extrañamente siguen rutas evolutivas similares.

Antes de que América del norte y del sur quedaran unidas por un istmo hace dos o tres millones de años, entre la fauna de cada subcontinente había grandes tigres dientes de sable, muy parecidos entre sí, pero sin parentesco alguno: el norteamericano, Smilodon, mamífero y placentario, estaba más relacionado con el hombre que con su réplica sudamericana, Thylacosmilus, que era marsupial.

Esta coincidencia prehistórica fue un ejemplo de "convergencia": el mecanismo evolutivo por el que la selección natural actúa sobre especies diferentes que viven en hábitats similares para producir animales de aspecto parecido y modo de vida similar.

Voladores del bosque

Son muchos los ejemplos de evolución convergente entre los marsupiales y los mamíferos placentarios. Así como en las selvas asiáticas y americanas hay ardillas voladoras, en los bosques del este australiano hay pequeños marsupiales que planean de árbol en árbol por medio de colgajos de piel extendidos: las zarigüeyas voladoras. Y mientras que Centro y Sudamérica cuentan con osos hormigueros, las termitas de Australia son engullidas por la lengua larga y pegajosa del marsupial Myrmecobius fasciatus.

En Asia, Europa, África y América, carnívoros pequeños, como la comadreja y el gato montés, se alimentan de ratas, ratones y presas similares. Entre los marsupiales también hay "gatitos". El dasiuro (Dasyurus viverrinus), también llamado erróneamente "gato indígena", es un marsupial carnívoro de los bosques de Australia meridional y oriental. Con su pelaje pardo oscuro con manchas blancas, este depredador nocturno se confunde con la luz de la Luna y las hojas que alfombran el bosque.

Una de las convergencias más asombrosas es la que se da entre los topos de África y Eurasia: el topo europeo, y el topo marsupial de los desiertos, matorrales y campos de caramillo del sudoeste australiano. Ambos tienen ojos casi atrofiados, carecen de orejas y presentan hendidos los orificios de las fosas nasales; cuerpo fornido y uñas como palas en las patas delanteras. El topo europeo posee pelaje pardo oscuro o negro, que armoniza con los ricos suelos de las praderas donde habita, mientras que el marsupial australiano tiene pelaje amarillo cremoso o dorado, con lustre sedoso por la fricción continua con la arena.

"Nadando" bajo tierra

Debido a lo movedizo del suelo del desierto, el topo marsupial no suele, como su equivalente europeo, recorrer madrigueras permanentes. "Nada" bajo la superficie de la arena, masticando lombrices, insectos y otras criaturas conforme avanza, y asciende de vez en cuando a la superficie para descansar y respirar.

No siempre es posible la convergencia evolutiva. Las restricciones de las características originales de una especie limitan el número de rutas evolutivas que puede seguir. En este sentido, Australia tiene muchas criaturas que no se parecen en absoluto a sus equivalentes placentarias del resto del mundo. Por ejemplo, jamás ha habido marsupiales con los cascos típicos de animales herbívoros grandes y veloces, como los caballos, antílopes y ciervos. No obstante, los grandes marsupiales herbívoros han desarrollado una forma igualmente rápida y eficaz de locomoción, en que utilizan dos patas en vez de cuatro: el salto del canguro.

Cuando en canguro rojo (y otros marsupiales) pierde una cría recién nacida, no necesita volver a aparearse para iniciar otra preñez. Aunque la madre lleva en la bolsa sólo un feto a la vez, puede tener un segundo óvulo fecundado, que no se desarrolla más allá de las etapas iniciales.

El lactante estimula hormonas que reprimen el crecimiento del segundo feto. Si el primero muere, los mensajes hormonales se detienen y continúa el desarrollo normal del embrión "de repuesto", que reemplaza a su hermano en la bolsa. Lo mismo puede ocurrir cuando el primero ha crecido y abandona la bolsa.

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