lunes, 15 de marzo de 2010

Chorus Line

La historia del rodaje de CHORUS LINE es prácticamente un argumento de película en sí mismo. En 1975 los productores de Hollywood Cy Feuer y Ernst H. Martin asisten a una presentación en Broadway de la obra musical que se había estrenado en la escena con un éxito tan indiscutible como merecido. Los productores ofrecen la cantidad de ciento cincuenta mil dólares por los derechos de adaptación de la obra al cine.

Las arduas negociaciones, complicadas tanto por el creciente éxito de la pieza como por la entrada de nuevas productoras para adquirir los derechos, llevarán a que un año después Feuer y Martin desembolsen la cantidad de cinco millones de dólares por dichos derechos, lo que en el momento constituyó un récord absoluto.

La segunda parte fue la elaboración del film. El rodaje fue iniciado por Michael Bennet, quien había dirigido la obra en Broadway. Este renunció al poco tiempo, siendo sustituido por Mike Nichols, que vivía todavía a la sombra del éxito de EL GRADUADO. Desiste Nichols y es sucesivamente sustituido por Sidney Lumet y por James Bridges. Al final, los responsables de la Embassy Films proponen a Richard Attenborough.

Attenborough era un actor de un enorme prestigio en el teatro inglés y en el cine mundial. Pero es mucho más conocido por sus mastodónticas producciones como GANDHI o UN PUENTE LEJANO, en aquel momento lo que recordaron los productores fue que había realizado un modesto musical, OH QUE BONITA ES LA GUERRA en Inglaterra, que había gozado de un cierto prestigio, aunque en círculos reducidos y cultos.

La elección resultó acertada pues Attenborough, como demostraría después sobradamente, era el tipo de realizador que sabía moverse a sus anchas en amplios espacios y con un número importante de figurantes en las escenas de masas. Tras su designación como director se pasó a la elección del personaje principal, el protagonista Zack. Se eligió primero a John Travolta, que fue sustituido por Michael Barishnikov, que a su vez fue relevado por Michael Douglas, quien al final se quedaría con el papel.

En 1983 empieza la selección de los bailarines, que serán escogidos entre más de tres mil aspirantes y aquí es donde realmente se confunden la realidad y el cine, pues la historia de CHORUS LINE es la de los centenares de aspirantes a cantantes, a bailarines y actores, que pretenden conseguir un lugar en el escenario y desde luego la selección fue tan ardua como en la misma obra. Al final se alinearon al lado de Douglas, Michael Blevins, Yamil Borges, Greg Burge, Nicole Fosse y Michele Johnston, en los principales papeles.

Cómo se monta un espectáculo en Broadway ha sido un tema recurrente en el cine musical americano. Las entretelas del montaje, los ensayos y sobre todo la tragedia personal de los protagonistas, su esfuerzo, triunfo o fracaso, han sido un material que ha formado multitud de películas, pero en CHORUS LINE la visión era distinta.

Arnold Schulman como guionista y Marvin Hamlisch como compositor eran dos veteranos hombres de Broadway, a pesar de su juventud, que habían tenido que trabajar muy duro para llegar al éxito. Las penalidades de esa ascensión se hacen sentir en la obra. Donde en las películas tipo MELODIAS DE BROADWAY había sacarina y almibar, en este film hay sudor y dolor, una visión extremadamente dura y realista del mundo del espectáculo y, en definitiva, esta es la mejor baza del film.

Attenborough supo realizar la película con una corrección extremada, que a la postre se convierte en una gran virtud y los actores imprimen una profundidad y un realismo a su interpretación que suma una alta calidad humana a las virtudes ya mencionadas, realmente notable.

La adaptación de una obra de Broadway de tanto éxito y prestigio conlleva inevitablemente comparaciones. A CHORUS LINE la crítica y el público la recibieron con los brazos abiertos, convirtiéndose con justicia en uno de los grandes musicales de su momento y en una obra a la que el paso del tiempo no ha hecho más que revitalizar.

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