domingo, 7 de marzo de 2010

La odisea de un indocumentado hondureño

Pepe ha pasado 17 años de su vida trabajando en los Estados Unidos sin papeles, es decir, ha vivido 17 años de “mojado”. Los últimos 11 de trabajando en el mismo lugar; se trata de un taller mecánico en el cual no goza de vacaciones ni de prestaciones de ley. Si enferma o si tiene que ausentarse por cualquier otra razón, simplemente no se le paga ese día. Cansado, dicho en sus propias palabras, de “comer pan con mortadela”, que es la manera en la cual tienes que sacrificarse para poder enviar dinero a su natal Honduras, decide regresar a su pueblo por una temporada – seis meses – según él, para descansar de esa vida de miseria en el primer mundo. Claro que al querer regresar tendrá que hacerlo nuevamente por los montes y colgado de trenes hasta alcanzar la frontera, y una vez ahí, que sea lo que Dios quiera.

Pepe me cuenta que en su pueblo la gente es muy celosa,  que todo extraño que se atreve a visitarlos es recibido con amenazas y muchos han terminado muertos. Me dice que un      hombre de ahí, de su pueblo, le gustó mucho la mujer de un turista y éste lo mató para poder quedarse con ella.

- ¡Están locos! -  dice Pepe, - ahora que he vivido tanto tiempo fuera me doy cuenta, por eso mejor me regreso a los Estados Unidos. En ese pueblo hay muy poco de comer, lo único que hay todos los días es  tortilla con sal y chile, ocasionalmente consiguen de un pueblo cercano un pedazo de queso. El que se va es visto como un descastado, y si acaso regresa se le trata muy mal durante mucho tiempo, tiene que ganarse de nuevo el cariño y el respeto a base de pruebas, y de demostrar que ha regresado para ayudar a la comunidad.

Para viajar de Honduras a México, se tiene que subir al tren que recorre Guatemala y toma desviaciones a la altura de Veracruz, un trayecto peligroso de 11 días mortal para muchos. A diferencia de los vagabundos de la películas, que viajan dentro de los carros del tren, contándose la historia de sus vidas, los inmigrantes tienen que vivir sobre el techo de los vagones o en los costados; colgados y procurando no dormir, ya que de hacerlo se cae  entre las ruedas, perdiendo la vida o perdiendo un miembro en el mejor de esos casos.
Hay que soportar todo al sol candente, a las noches frías, al golpe de los insectos por la velocidad del tren, a la sed. Para dormir es necesario hacerlo por turnos, mientras uno duerme, uno o dos de sus compañeros de viaje lo tienen que abrazar para que no se caiga. En algunos vagones se tienen que dormir de pie y hay mujeres que mueren en su primer intento por viajar de este modo, ya que la vergüenza de no querer ser tocada por extraños les puede mas, y en cuento se duermen se caen, Pepe ha visto a varias que les pasa esto y tan solo puede menear un momento la cabeza por la desdichada y seguir aferrado con todas sus fuerzas a para no sufrir la misma suerte.

Pepe, en esta ocasión tiene que viajar con la hermana se su esposa, embarazada de 3 meses. Es la tercera ocasión que lo intentan. La primera vez casi la pierde dos veces, la primera fue en un pueblo en donde el tren se detuvo para hacer un cambio de vías, Pepe se bajo a comprar agua para los dos, como no encontró cerca, cuando regresó fue justo en el momento en el que el tren arrancaba a toda marcha y apenas logró sujetarse del último vagón, al último momento. Dice que los conductores hacen eso a propósito para deshacerse de algunos viajeros. La segunda ocasión fue cuando ella bajo a hacer sus necesidades y el tren arrancó súbitamente. No tuvo tiempo de limpiarse y con la falda sucia de excremento y a medio poner logró subir al tren. Estuvo a p de caer, pero solo sufrió unos golpes.

Obviamente los responsables del tren saben que en el mismo viajan en promedio 2,000 indocumentados (Si dos mil en cada viaje), y se aprovechan pidiéndoles dinero a todos.

- Una vez – relata Pepe – mi cuñada se metió a la cintura un billete de 200 pesos, y el conductor del tren me obligo a que se los diéramos, hasta hizo que se encuerara (desnudará) para ver si traía mas dinero.

Lo que más le enfada es ver el gran número de jóvenes que, juegan por entre los vagones cuando esté lleva una velocidad considerable. Tal vez sea la imprudencia de la edad o tal vez sea el efecto de las drogas, ellos arriesgan sus vidas saltando de uno a otro sin necesidad alguna. Piensa que lo mejor sería aprovechar todas esas manos para sujetar a las mujeres y a los niños que no pueden hacerlo por si mismo, en vez de jugar arriesgándose innecesariamente.

- En una ocasión conocí a un muchacho que se subió al principio del tren y a mi me toco al final, al anochecer apareció a mi lado y le pregunte ¿Cómo llegaste hasta atrás? – Me dijo  que estaba jugando a brincar y se cayó, quedando en medio de las ruedas, de milagro no se cortó nada y logro subirse al final, ya que no iba muy rápido el tren.
En la frontera con Guatemala los inmigrantes tienen que resistir los ataques de las pandillas conocidas por el nombre de “Maras”. Pepe dice que por las rutas que él sabe no se ha encontrado nunca con ellas, pero que algunos de sus compañeros de viaje lo han perdido todo cuando se topan con ellas.

También conoció  conductores de tren que no quieren tomar ventaja de la situación de los inmigrantes. Recuerda Pepe a uno, que le decía  que un pueblo del trayecto los habitantes, impulsados por los sacerdotes de la iglesia católica, les arrojaban bolsas con porciones de comida y agua al tren en movimiento. También le avisaba en qué pueblos era era mejor agachar la cabeza y protegerse, porque al paso del tren los habitantes los apedrean.
Sobre el tren hay que cuidarse de los túneles en los días calurosos. Hay quienes mueren al pasar por ellos, ya que las máquinas del tren calientan el aire que hay dentro y se puede morir por asfixia. El truco está en bajarse antes y esperar a que llueva para pasar por el túnel con la máquina fría, o bajarse, pasar caminando y esperar al siguiente.

El viaje en tren no es por todo México, a la mitad hay que bajarse y buscar otros medios para seguir. Pepe y su cuñada tuvieron que caminar durante muchos días por cerros y cañadas para atravesar la mitad del país que les falta.

En uno de éstos cerros el camino se dividía en dos, en ambos hay puestos de control y vigilancia, así que Pepe y su cuñada deciden subirlo y  pasar por en; al llegar a la parte más alta se dan cuenta que hace poco ahí hubo un incendio de matorrales, por lo que la bajada es casi en vertical, sin más que piedras en el descenso. Ahí uno de sus compañeros de viaje decide renunciar y piensa en entregarse al ejercito para que lo deporten, ya que le tiene miedo a las alturas y no puede bajar, está cansado y tiene que imaginarse que le dirá su familia cuando regrese a su casa con las manos vacías.

Al llegar a la parte baja se encontraron en el rancho de una familia que les tiende la mano y les invita a comer unos huevos, se disculpan por no poder ofrecerles más que eso. Pasan ahí la noche, como la cuñada de Pepe sufre de dolores intensos por la bajada sobre piedras decide poner los  pies en agua para descansar. La noche helada y la poca ropa que los cubre, aunado a la mojada de los pies, ocasiona que ella se enferme y tengan que pasar seis días en la espera de que se recupere y poder continuar el viaje.

En el primer pueblo que pasan la llevan a revisar al médico, ahora sufre de dolores en el vientre y no ha comido nada en varios días y lo último lo vomitó. El doctor le ordena reposos pero ellos deciden seguir caminando para llegar lo más pronto posible a la frontera. Por las noches viajaban caminando por la orilla de la carretera y al paso de cada auto se colocan pecho-tierra… hacen lo mismo cientos y cientos de veces. De día, evitan cualquier camino para no ser capturados, solo se orientan por el sol dirigiéndose  siempre al norte.

A Pepe ya lo han detenido varias veces los Agentes Federales conocidos como AFIs, le piden siempre dinero, de a 1,000 pesos cada vez. Y le da risa cuando escucha por la televisión que esos agentes son personas que están para ayudarlo.

El último tramo de este viaje, es decir, los Estados de la frontera, es mejor recorrerlo en auto. Si un inmigrante quiere viajar en autobús, lo detienen en los retenes ubicados a tan sólo 100 kilómetros de la frontera. Cuando los oficiales suben a los autobuses, lo hacen dirigiéndose directamente al asiento donde de antemano saben que viaja un ilegal, saben esto porque los operadores del autobús les dicen quienes son sospechosos. Curiosamente no lo hacen desde la central de autobuses, lo hacen hasta después de que pagan el pasaje.

En varias ocasiones vi como suben y les hacen preguntas para detectar su es un inmigrante ilegal, y aunque parezca mentira, le piden que cante el Himno Nacional.  Les preguntan que de dónde son, siempre dicen que de Veracruz, ya que en muchos países centroamericanos el acento es muy similar. Otros ni esperan a ser detectados, en cuanto frena el autobús recolectan sus pertenencias y se preparan para bajar.

La cuñada de Pepe espera que su bebé nazca en los Estados Unidos, y lograr con ello que se convierta automáticamente en ciudadano, sin embargo, eso no es consuelo para ella, ya que en caso de ser deportada se regresará junto con el bebé.

Y ahora que llegaron tan lejos, solo falta el último tirón, encontrar a un pollero que los cruce y poder gozar del American way of life.