miércoles, 21 de abril de 2010

¿Por qué no tenemos recuerdos de antes de los tres años de edad?

Hacia el primer año de vida, el bebé comienza a desarrollar la memoria de corto plazo; con claridad se da cuenta de la existencia de ciertos objetos (juguetes, ropa) y recuerda dónde están guardados.
Hasta alrededor de los tres años, los recuerdos son como fotografías instantáneas y fragmentarias: llenas de colorido y detalle pero carentes de contexto. Esto puede explicarse porque el cerebro del niño todavía está creciendo, y aún no tiene una red de conexiones y vías nerviosas lo bastante desarrollada como para "archivar" en forma organizada las experiencias nuevas.

Normalmente hacia los tres años de edad, conforme el niño se familiariza con el lenguaje, su cerebro comienza a poder tener recuerdos de largo plazo. Es interesante señalar que la palabra infancia proviene de infans, que en latín significa "incapaz de hablar"; el final de la infancia significa, pues, el comienzo del habla, y es indudable que el lenguaje tiene mucha relación con la memoria de largo plazo porque, entre otras cosas, implica que las vías nerviosas ya están listas para afrontar dificultades mayores.

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