viernes, 21 de mayo de 2010

Donde los cerdos son más peligrosos que los jaguares

Una de las expediciones más ambiciosas que haya emprendido el ejército británico en tiempos de paz concluyó triunfalmente el 9 de junio de 1972, cuando dos Range Rovers que transportaban a un agotado grupo llegaron al extremo meridional de Sudamérica, el Cabo de Hornos. Habían partido de la costa norte de Alaska 188 días antes, en un intento de ser los primeros en recorrer por tierra el continente en toda su longitud por la carretera Panamericana, de 22,000 km. El verdadero logro de la expedición fue cruzar los 400 km que hay entre Panamá y Colombia, en el tramo conocido como El Tapón o serranía del Darién: una mezcla de jungla, pantano y río que corta en dos la carretera Panamericana y es una barrera aparentemente insuperable. Marca la frontera entre los dos países mencionados, alcanza su altura máxima en el cerro de Tacurcuna, a 2.280 msnm. Está ubicada al noroeste del departamento del Chocó. Esta sierra marca su comienzo en el Cabo Tiburón, extendiéndose hasta las costas colombianas del Océano Pacífico. Según los constructores de la carretera, era imposible cruzar esta zona, y el equipo británico pronto iba a saber por qué.

El Range Rover

El vehículo que acompañó a los expedicionarios fue presentado en junio de 1970, con carrocería tres puertas, tracción permanente en las cuatro ruedas, transmisión sincrónica de cuatro velocidades y frenos de disco en todas sus ruedas. Se destacaba por la nueva rejilla de plástico moldeado en su frente y salpicaderos renovados; además de una caja de cambios totalmente sincronizada, que hacía más simple la conducción en condiciones adversas de travesía

El trabajo de equipo

Seis miembros del grupo expedicionario cubrieron en 40 días la primera etapa del viaje, desde Anchorage, Alaska, hasta Cantas, Panamá, donde acaba la porción septentrional de la carretera. Allí, en enero de 1972, los recibió un equipo de ingenieros, personal médico, expertos en la jungla y científicos, para estudiar la vida vegetal, animal y humana de la serranía. El equipo de apoyo viajaba independiente del destacamento que utilizó los Range Rovers, equipados con malacates de motor, tanques de agua, escaleras de aluminio para salvar barrancas, "esnórqueles" de escape para vadear torrentes y una balsa inflable para aguas más profundas. 

La lucha por cruzar la serranía se inició el 17 de enero; cuadrillas de gente a pie abrían a machetazos una vereda para los Range Rovers y los guiaban. La zona era peor de lo que se habían imaginado: ríos desbordados, jungla espesa, barrancas y pantanos hacían el avance muy lento. Los acosaron avispones, hormigas, alacranes, mosquitos y mortíferas serpientes, e incluso ciertas plantas venenosas. Todavía más temibles que los jaguares eran los cerdos salvajes, que erraban en desbocadas manadas de hasta 300 ejemplares. Los expedicionarios sufrieron mucho con el calor y, a veces, las enfermedades contraídas en el pantano o por picaduras de insectos.

El grupo expedicionario recibió provisiones lanzadas desde aviones y siguió su camino con una perseverancia rayana en la locura. En la conquista de ciertos obstáculos, como las cuestas de las bien llamadas colinas de las Angustias y las barrancas de la pendiente del Diablo, sólo el vehemente espíritu de grupo hizo que el estado de ánimo no decayera. Las averías mecánicas también fueron un problema constante. Tuvieron que usar el malacate para sacar uno de los Range Rovers de un torrencial río donde se había hundido hasta casi perderse de vista, y sólo pudieron cruzar el último de los pantanos después de dinamitar la vegetación.

La expedición finalmente llegó jubilosa al término de la serranía del Darién, en Barranquilla, el 23 de abril, tras 97 días en su verde prisión.

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