lunes, 17 de mayo de 2010

La psicología: arte y ciencia

Casi todos deseamos saber en qué forma los adelantos recientes en psicología y en fisiología cerebral pueden ayudar a que nosotros mismos y nuestras familias vivamos mejor. Existen indicios prometedores de que dichos adelantos nos permitirán regular mejor los sentimientos y emplear las mentes con mayor provecho. Lo que todos queremos son datos acerca de cómo formar hijos sanos, expansivos y seguros de sí.

¿Cómo se inició la psicología?
Se ha dicho que "la psicología tiene un pasado largo pero una historia corta". Como ciencia, data de aproximadamente de hace poco más 100 años, cuando Wilhelm Wundt fundó en Alemania un laboratorio psicológico. Sin embargo, el interés en la mente y el comportamiento es tan inmemorial como el hombre.
La Grecia antigua conoció casi todos los grandes temas de la psicología. Hace tres milenios, el poeta Romero se admiraba de cuán singular es cada personalidad humana: "A este hombre, un dios le da dotes guerreras; a otro, el don de la danza; a otro, el del canto y la lira, y a otro más, Zeus tonante le concede una mente lúcida."

El concepto aristotélico de catarsis era en parte una teoría psicoterapéutica: al presenciar en el teatro las tragedias, la gente sentía miedo y compasión, lo que limpiaba de malas emociones sus mentes. Y según Esquilo, "la palabra es el médico de la mente enferma". Dos mil años después, Sigmund Freud recurriría a las tragedias griegas para explicar sus teorías sobre el inconsciente, y también a la palabra (a lo que el paciente dice) como base del psicoanálisis.

Hipócrates, padre de la medicina, con moderno criterio decía que las enfermedades mentales tienen causas naturales y que en el cerebro residen las emociones y el pensamiento. Y muchos hallazgos recientes amplían la idea de Aristóteles, en cuanto a que la psique (la mente) es parte del cuerpo, y que la razón y la moral se desarrollan conforme el cerebro procesa los datos procedentes de los sentidos.

Entonces ¿Es la psicología una ciencia?

Hay científicos que consideran que la psicología es demasiado incierta como para considerarla una ciencia, e incluso bromean al respecto. El psicólogo británico Hans Eysenck gusta de repetir aquella historia de una rata de laboratorio que le dice a otra: "He condicionado muy bien a mi hombre; cada vez que yo bajo esta palanca, él me da comida."

Existen dudas razonables; ¿es válido adjudicar al comportamiento humano los resultados de los experimentos hechos con animales? ¿Pueden unas ratas, metidas en un laberinto, revelar algo importante acerca del pensamiento humano o, más aún, acerca de las ratas mismas?

Pocos científicos negarían que la "terapia hablada" concebida por Freud ayuda a muchas personas, pero a algunos les disgusta que nadie sepa a ciencia cierta, tras un siglo de uso, cómo o por qué funciona.

La filósofa Patricia Churchland, de la Universidad de California, ha señalado que la parte cerebral referente al habla (por ende a la parte consciente, pensante e introspectiva del ser) es "sólo una burbujita en la espuma", bajo la cual casi toda la actividad cerebral transcurre por sí misma. Y por eso, según el psicólogo Howard Gardner de la Universidad Harvard, la introspección, referida a cuestiones tales como la motivación y el carácter, acerca mucho la psicología al estudio de la cultura y a los grandes planteamientos de la literatura mayor.

¿Qué futuro tiene la psicología?

Es probable que el futuro estudio de la mente abarque tres campos muy vastos. Primero, investigar cómo aprendemos. Segundo, buscar los principios que rigen el comportamiento humano, lo cual tiene mucho en común con la sociología.

Tercero y de enorme importancia, la neurología (que estudia las partes microscópicas del cerebro y sus procesos finos) proseguirá los descubrimientos iniciados a partir de 1960, gracias a los modernos aparatos de amplificación, exploración y computación; éstos han permitido conocer el cerebro de modo tal que rebasa lo que en anteriores generaciones los científicos apenas imaginaban. En el cerebro no hay nada estático; todo está activo porque miles de millones de células interactúan de innumerables maneras. Hasta ahora no se ha logrado comprender más que una ínfima parte, que aun así parece ya un milagro: un reloj no puede saber cómo funcionan los relojes; ¿podrá la mente humana entender su propio funcionamiento?

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