martes, 15 de junio de 2010

El cortejo no es una preocupación exclusivamente humana

En todo el mundo animal, machos y hembras indican sus intenciones amorosas de maneras muy diversas. Las jirafas se frotan mutuamente la nariz; ciertas lagartijas menean la cabeza o el cuerpo de arriba abajo, y algunos peces, como el picón, exhiben colores vivos a su futura pareja. Las luciérnagas hembras brillan para atraer a los machos, con una luz tan intensa que en número suficiente estos pequeños insectos permitirían la lectura nocturna de un libro.

El ave del paraíso, que vive en Australia, Nueva Guinea e islas cercanas, dispone de la más compleja decoración para atraer a la pareja y disuadir a los rivales. En muchas de las 43 especies, los machos están adornados con fantásticas plumas. Las mantienen erguidas o las hacen vibrar con sus extraordinarias danzas, y pueden ser parecidas al encaje, aterciopeladas o iridiscentes.

Seducción sonora

Los signos visuales no son los únicos que se emplean en el cortejo. El trino primaveral de los pájaros tiene dos funciones: advertir a machos rivales que el cantor ha delimitado su territorio, y atraer a las hembras. Ciertas aves incluso cantan a dueto: los alcaudones se coordinan tan bien que es difícil darse cuenta de que el canto proviene de diferentes ejemplares. Otros animales también cantan durante el cortejo. Los saltamontes frotan el "güiro" de una de sus patas contra el "raspador" de un ala para producir su chirrido usual. El grillo cebollero (Gryllotalpa) cava un túnel de forma especial para amplificar su chirrido, de modo que el hombre lo puede escuchar a 600 m.

La arquitectura del amor

Quizá la más singular conducta de cortejo entre las aves sea la de las 18 especies de ave del paraíso que hay en Australia y Papúa-Nueva Guinea. Los machos crean extraordinarias construcciones, no destinadas a formar nidos, sino a atraer a las hembras. Algunas son relativamente sencillas, y otras, más complejas, consisten en una torre de ramitas que rodea a un arbolillo central o son incluso "casas" en miniatura, con entrada, techo de paja y hasta 2.7 m de altura. El piso está cubierto con capas de hojas frescas.

Las aves del paraíso decoran sus casitas con musgo, flores, frutos, conchas de caracol y objetos humanos. Varias especies incluso las pintan con bayas machacadas, carbón vegetal u otros pigmentos naturales, mezclados con saliva y aplicados con un "cepillo" de fibra de corteza o un manojo de hojas que sostienen con el pico. Pese a su asombrosa habilidad arquitectónica, las aves del paraíso machos no intervienen en la construcción del nido, en la incubación de los huevos ni en el cuidado de los polluelos, pues de ello se encargan por completo las hembras.

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