miércoles, 30 de junio de 2010

El fantasma del paraíso

Brian De Palma poseía ya un cierto prestigio como eficaz autor de thrillers a la manera del maestro Hitchcock, cuando en 1974 decidió escribir y rodar este disparatado musical en la órbita de la iconografía pop.

El argumento es memorable. Winslow Leach, joven y desafortunado compositor-intérprete de música pop se presenta a la casa discográfica Death Records con la intención de vender su música. El malvado patrón de la discográfica, Swan, que además ha hecho un pacto con el diablo, se la robará, en una escena que incluye además la presunta muerte y desfiguración del compositor. Leach luchará por todos los medios para recuperar su música y para conseguir a la heroína, salvando de paso su alma de un pacto con las fuerzas de la oscuridad. Para ello se convertirá en el fantasma de la discoteca llamada «El Paraíso».

Como se ve, el argumento de De Palma es una mezcla nada sutil de EL FANTASMA DE LA OPERA de Gaston Leroux, del FAUSTO de Goethe y de EL RETRATO DE DORIAN GRAY de Oscar Wilde, adornado todo ello con una iconografía de estética pop. De creer a De Palma, su inspiración habría venido por partes iguales de la película EL FANTASMA DE LA OPERA que había sido sucesivamente interpretada por Lon Chaney, Claude Rains y Herbert Lom, y por otra parte de los shows musicales del cantante Alice Cooper, «Welcome in my nightmare», con los que sorprendió a los aficionados a la música a finales de los sesenta.

Sin embargo, el mayor mérito de la película reside en la participación de Paul Williams, lo que convierte EL FANTASMA DEL PARAISO en un musical excepcional. Williams es un hombre de muy baja estatura, de aspecto aniñado y tímido, compositor extraordinario que ha dado pruebas no sólo en sus piezas, sino como intérprete de las mismas, baladas sugerentes y tiernas acompañadas de espléndidas melodías, de un pop suave con no pocas gotas de clasicismo y las justas de la música de jazz. Escribió una banda sonora perfecta, de la que sería difícil apartar alguno de los temas y en una muestra de gran ironía guardó para sí el papel del villano de la función, recreándolo con gran sabiduría.

Así William Finley en el papel de Winslow Leach y Jessica Harper en el de Phoenix, cándida heroína, se convierten en comparsas alrededor de la desaforada y divertida interpretación de Williams. El gótico del argumento original es sustituido por el pop, las arias de las óperas por la música rock y el desarrollo dramático es ilustrado musicalmente; el film empieza con las agradables y paródicas canciones de los Juicy Fruits y va adquiriendo tonos más sombríos cuando no medianamente apocalípticos a medida que el oculto habitante de las zonas oscuras del «Paraíso» va enloqueciendo mientras lleva a cabo su venganza. Sin ser una película de perfecto acabado EL FANTASMA DEL PARAISO se ha convertido en un film de culto para el aficionado.

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