viernes, 11 de junio de 2010

El mundo unido por un balón

A unos momentos de iniciar el partido inaugural de Sudáfrica 2010, he recordado algunos momentos futboleros de mi pasado.

Yo solía jugar mucho al futbol cuando era niño. Recuerdo haberle enseñado a mis hermanos y ellos pronto me superaron, porque la verdad yo no muy bueno, casi siempre era de los últimos que elegían al momento de repartirnos en equipo, pero a mí no me importaba. Al menos recuerdo como me gustaba pasar horas y horas jugando a la pelota. En una fiesta de disfraces en la escuela, yo quería ir vestido como de jugador de Brasil; pero, a mi papá se le ocurrió enviarme de Batman. No fue sino hasta la primera vez que vi una computadora, que mi pasión por el deporte casi desaparece. Ahora sólo veo los partidos de los Rayados del Monterrey, y eso cuando estoy con mi papá, que es mucho más fanático, de lo contrario, ni me acuerdo de si juega o contra quien. Tengo que leer el periódico el lunes para enterarme cómo quedó… eso si… con los Rayados en las buenas y en las malas, aunque hay veces que sean más malas que buenas (últimamente son puras buenas).

En el mundial de 1986, cuando México era anfitrión y jugaba contra Bulgaria para el pase a los cuartos de final, justo a esa hora tenía clases de Dibujo Técnico, duraba exactamente las dos horas y coincidía con el horario el partido. Toda la escuela se preparaba para apoyar al equipo. En aquel entonces aún no se veía el desfilar de camisetas verdes por las calles, y apenas se gestaba la idea de ir a celebrar en grupo a las calles con el claxon del auto haciendo escándalo intermitentemente. A todos los grupos se les permitió llevar una televisión, y recuerden que las portátiles eran un lujo que no se podían permitir muchos, por lo que las televisiones eran de esas grandes cajotas, muchas a blanco y negro. Pero yo no pude ver ese partido. Mi maestra, una vieja soltera y amargada, no nos permitió ver el juego, porque en palabras textuales “Si a mí no me gusta ver el futbol, no tengo porque soportar que ustedes lo vean”. Y desde entonces se que la odio, la odio más que a la maestra de cálculo que tanto me hizo padecer y que pensándolo bien no nos llevábamos mal, era el maldito cálculo el que nos distanciaba. En fin… no sé si esa maestra (le decíamos Godzilla) aún viva, y de ser así, desde aquí le envió el más fuerte y caluroso: VIEJA AMARGADA JIJA DE LA CHINGADA!!!!

Ahora en el mundial de 2010, después de saber que nuestro director técnico se cree superior, que nos llamó jodidos, que piensa irse del país en cuanto termine el mundial, que la elección de jugadores no es la óptima, que los partidos para el pase al mundial los ganaron de panzazo, y que prefirieron a los jugadores mayores por el compromiso en vez de darle oportunidad a los jóvenes... vamos, que es muy fácil deprimirse por nuestra selección de futbol.

Sin embargo, ver toda la energía que provoca en la gente, a tantos y tantos reunirse para convivir y disfrutar juntos de un partido, de ver cómo los niños hablan bien de su país a causa del deporte, de cómo en las redes sociales aparecen iconos apoyando cada quien a su selección… hombre, que dan ganas de estar feliz, aunque sea por 90 minutos.

VAMOS PÍNCHE MÉXICO!!!!  HAZ GOLES, NO SANDWICHES!!!!

P.D. A mi hijo lo envíe a la escuela con botana, ropa y matraca, para que hiciera todo el escándalo que se le antoje durante el partido inaugural… espero que en 25 años aun recuerde este juego y sonría.

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