miércoles, 16 de junio de 2010

Sombras en el cielo

En muchos relatos de aventuras, el héroe logra triunfar sobre tribus supersticiosas gracias a su mayor comprensión de fenómenos naturales tales como los eclipses. Un clásico ejemplo de esto es la obra de Mark Twain Un yanqui en la corte del rey Arturo, en la que el protagonista, trasladado al pasado, se salva de la hoguera al atemorizar a sus captores "apagando el Sol".

Otro de los primeros escritores en valerse de este recurso fue H. Rider Haggard en Las minas del rey Salomón; sólo que cuando publicó la novela su conocimiento de los eclipses distaba mucho de ser preciso. Hasta ser corregida en una nueva edición, la novela daba por sentado que había luna llena durante las noches anterior y posterior a un eclipse solar. Ahora se sabe que un eclipse solar ocurre cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, y la luna llena cuando la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol. Siempre hay un intervalo de dos semanas entre un eclipse solar y el plenilunio precedente o el siguiente.
En cambio, los eclipses lunares sólo ocurren durante los plenilunios (aunque no cada vez que los hay), cuando la Luna se adentra en la sombra de la Tierra.

Durante un eclipse solar, el cono de sombra de la Luna dibuja sobre la Tierra una franja de 272 km de anchura. A lo largo de esa franja, la luz solar queda interceptada durante unos minutos, el cielo se oscurece y pueden verse las estrellas. Las más de las veces, la Luna y el Sol, vistos desde la Tierra, parecen tener el mismo tamaño, puesto que la Luna realmente cubre al astro rey. Aquellos rasgos característicos del Sol, normalmente velados por la intensidad de su propia luz, se hacen visibles alrededor de la sombra de la Luna. De esta manera es posible observar la perlada corona del Sol, así como sus ígneas protuberancias (rojas nubes de hidrógeno).

La sombra de la Tierra es lo bastante grande para cubrir la Luna por completo durante un eclipse lunar. En ocasiones, la Luna pasa por el borde de la sombra, y entonces parece palidecer un poco. Para que el eclipse de Luna sea total, ésta debe ocupar la parte central de la sombra.

Pero ni así se oscurece la Luna por completo: algunos rayos solares refractados por la atmósfera aún inciden en ella. Como sólo la luz del extremo rojo del espectro se refracta en el ángulo correcto para iluminar la Luna, ésta adquiere entonces 'un bello tono cobrizo.

¿Sabías que...?

Basados en antiguos registros de eclipses, astrónomos franceses afirmaron que el Sol debió ser más grande hace unos siglos. Pero, según sus colegas ingleses, esto es una falacia atribuible a la contaminación del aire, que en los últimos 300 años ha opacado la imagen del Sol. Si éste es medido desde impolutas regiones de América, se ve más grande que si se le mide desde Greenwich, cerca del brumoso Londres.

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