viernes, 30 de julio de 2010

Técnicas para supera el síndrome de la página en blanco

Cualquier persona que escriba, ya sea para algún trabajo escolar o bien se trate de algún documento de la oficina sabe lo que se siente estar frente a un procesador de palabras con el documento en blanco, viendo el intermitente cursor parpadear en espera de que iniciemos con lo que sea. Sabes que quieres decir, pero no tienes idea de cómo iniciar. Afortunadamente existen ciertas técnicas para superar esto de la página en blanco. El truco es no obsesionarse en la búsqueda del documento perfecto desde la primera línea, sino que hay que dirigir el escuerzo en que las palabras se amontonen y que vayan tomando forma y coherencia.

Inicia por la mitad. 

Olvida por un momento la introducción y salta directamente a cualquier otra parte en la que te sientas cómo y con más ideas por plasmar. De todos modos, la introducción es la parte más débil de todo lo escrito, ya que la mente se va agudizando según nos adentramos en el tema que queremos tratar. Una vez terminado, vuelve al inicio y dale forma a la introducción.

Escribe para alguien a quien conozcas. 

Frecuentemente queremos escribir para todo el mundo, modificando el flujo natural de nuestras ideas a manera de que cualquiera las pueda comprender, y en esta despersonalización se pueden perder muy buenos elementos narrativos. Imagina que lo que escribes se lo estás diciendo a alguien en particular, a un colega, a tu hijo, a un amigo, a un cliente. Una vez que termines puedes eliminar lo que sea excesivamente directo , lo cual te dejará un texto muy ameno.

Escribe en reversa. 

Salta al final, a esa idea la que quieres que llegue el lector una vez que ha leído tu documento; después escribe como quieres que llegue a la misma conclusión que tu, y por último dedica un tiempo para la introducción. Lee ahora lo que has escrito de inicio a fin, procurando incluir lo necesario para unir de forma coherente las ideas.

Cuenta una historia.

No tienes que escribir precisamente en forma de investigación científica. Imagina que vas a redactar un cuento, define a los personajes principales, en cómo llegaron ahí, de que trata el asunto que los une… en fin, puedes incluso iniciar con el clásico “Erase una vez” y al terminarlo lo puedes eliminar; es tonto pero funciona.

Inicia con algo y después asocia. 

Inicia escribiendo cualquier cosa, ideas sueltas o palabras que al inicio carezcan de sentido. Puede ser lo que quieres de desayunar o que es lo que te molesta, escribe una línea, después otra y cuando menos te lo esperes ya se habrá convertido en un párrafo. Continúa así  hasta que sienta que has terminado, no sin antes regresar a eliminar toda la basura.

Usa papel y lápiz. 

Alejarse del teclado es de mucha ayuda de vez en cuando; toma un lápiz y papel  y siente como al contacto de uno con el otro se van generando palabras y dibujos que toman forma casi por si mismos. Cambia de lugar. En vez de sentarte en el lugar de siempre, busca otro sitio en el cual te puedan surgir ideas como en una cafetería o en un parque. Frecuentemente asociamos los lugares de frustración con la frustración misma, lo cual nos impide generar ideas frescas. Así que toma el portátil o bien el papel y el lápiz y aléjate de ese lugar en el que no puedes generar nada.


Lee. 

Pero esto es lo más obvio, no existe nada nuevo bajo el sol, simplemente le damos vuelta a las ideas una y otro vez, tal vez con enfoques diferentes o perspectivas personales, pero esencialmente ya está todo escrito. Así que toma un libro o una revista, empápate de los términos y deja que tus propias percepciones se encarguen de generar esas líneas de texto. Una vez que saltes el primer bache, lo demás es pan comido, quizá al comienzo no se traten de las mejores palabras pero al fin y al cabo ya están ahí, todo es cuestión de pulirlas. Lo difícil es que se formen y que te permitan transmitir una idea, lo más sencillo es darles coherencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada