martes, 27 de julio de 2010

El precario equilibrio entre cazadores y presas

La evolución podría considerarse una interminable carrera armamentista. Siempre que los tiempos son difíciles para los depredadores, sobreviven los animales más fuertes, más veloces o provistos de los dientes más afilados, del más aguzado sentido del olfato o de la mayor astucia. La selección natural hace que las especies sean más eficaces en la caza. Análogamente, las criaturas agobiadas por los carnívoros han desarrollado mecanismos de defensa: mayor fortaleza o velocidad, mejores vista u olfato, camuflaje protector o venenos.

Entre las etapas de cambios evolutivos hay periodos de estabilidad entre cazadores y presas, mientras prosigue la batalla diaria: los leones acechan a cebras y antílopes en la sabana; los tiburones y delfines atrapan peces voladores en mar abierto, y los murciélagos cazan mariposas a la luz de la luna.
Cuando el medio se conserva inalterable y el equilibrio no se ve perturbado por especies extrañas, la proporción entre las poblaciones de depredadores y presas se mantiene estable. Aunque esto puede interrumpirse por catástrofes temporales, como las sequías, al llegar las lluvias se restaura la normalidad.
Tómese corno ejemplo al león y al antílope saltador, especie que es presa habitual del felino. La contienda dista mucho de ser desigual. Sin duda el león es un formidable cazador: las leonas, bien disimuladas por su rojizo pelaje, colaboran acechando con enorme paciencia, hasta que atacan con una breve y rápida carrera.
Sin embargo, el antílope saltador está provisto de adecuadas defensas contra la paciencia y fuerza de los leones. Huye de éstos con saltos de gran altura, en que usa las cuatro patas a la vez. Al hacerlo, sus blancas caderas actúan como aviso que, aunado a sus breves gritos, alerta a otros miembros de la manada y confunde a sus enemigos.

Cazar no es fácil, ni siquiera para el león. No obstante, luego de algunos fallidos intentos, el felino atrapa a uno de los antílopes más débiles. En un ecosistema estable, sin importar cuán eficaces sean los depredadores, en las presas se desarrollan defensas suficientes para mantener el statu quo. A la larga, la carrera armamentista de la evolución siempre queda en empate... por supuesto, si el hombre no interfiere en ella.

¿SABÍAS QUE...?

En las aguas tibias y poco profundas de los arrecifes de los océanos Indico y Pacífico vive la escorpina. Este pez es una criatura de aspecto grotesco, 30 cm. de largo y piel áspera, arrugada y verrugosa, de un monótono jaspeado en gris y pardo: perfecto disfraz para los escondrijos y hendiduras de los corales donde habita. Si un depredador la ataca, la escorpina yergue su espinosa aleta dorsal y le inyecta un veneno mortal. Cuando un infortunado nadador llega a pisarla, al principio la picadura le produce dolor muy intenso, que luego se convierte en entumecimiento. La herida puede llegar a causar la muerte si no se trata rápidamente

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