lunes, 23 de agosto de 2010

¿Qué pasaría si nunca tomaras un baño?

La idea inmediata que asalta tu mente al plantearte esta cuestión podría estar relacionada con el término «mierda». Pero más allá de las consecuencias derivadas de los malos olores y de un acentuado declive en las invitaciones sociales de los amigos y familiares existen otras preocupaciones más serias que conviene considerar: las relacionadas con la salud.

Piensa en lo que ocurrirá si un buen día decides dejar de bañarte: Olerás mal, se acumulará la suciedad en la piel y el pelo, las probabilidades de infección aumentarán y es probable que te rasques más, lo cual podría incrementar aún más si cabe el riesgo de infección.

Analicemos brevemente cómo se produciría todo el proceso. El cuerpo humano está cubierto por alrededor de 2 m2 de piel, la cual contiene 2,6 millones de glándulas sudoríparas. Además de estas glándulas, en la piel existen miles de diminutos pelos.

Estás sudando constantemente, aunque no te des cuenta de ello. Hay dos tipos de glándulas sudoríparas distribuidas por todo el cuerpo: las ecrinas y las apocrinas. El sudor de las glándulas apocrinas contiene proteínas y ácidos grasos que le confieren una consistencia espesa y le dan un color lechoso o amarillento. Ésta es la razón por la que las manchas de sudor de las axilas en la ropa presenten esta tonalidad. En realidad, el sudor propiamente dicho es inodoro.

Entonces, te preguntarás, ¿por qué huele tan mal una persona cuando suda? Ese olor tan desagradable se produce cuando las bacterias metabolizan las proteínas y de los ácidos grasos en la piel y el pelo.

Por termino medio, el ser humano suda entre 1 y 3 litros por hora, dependiendo del clima reinante en el entorno. Supongamos que sudas 3 litros. Dado que tu piel, además del pelo que cubre tu cuerpo, está pegajosa a causa del sudor, es probable que acumule más suciedad de lo normal. Estamos hablando simplemente de suciedad superficial. Pero ¿qué ocurre con los demás gérmenes y microorganismos que se hospedan en la piel? En su mayor parte, estas bacterias, hongos, etc. no suponen ninguna amenaza importante siempre que permanezcan en la superficie de la piel. Sin embargo, si acceden al torrente sanguíneo, la historia puede ser muy diferente.

Nos rascamos a causa de muy diversas razones. Cualquiera puede contraer la tiña, por ejemplo, lo cual, habitualmente, no suele plantear un problema excesivamente grave. Basta algún tipo de ungüento farmacéutico para superar la afección. Pero si estás en pleno paréntesis de baño y ya de por sí te rascas, el frenesí de picor podría llegar a ser excepcional, hasta el punto de rascarte tanto que agrietaras la superficie de la piel.

Imaginemos ahora que hay alguna bacteria peligrosa en las inmediaciones: un estafilococo, por ejemplo. Si penetrara en tu torrente sanguíneo a través de un arañazo abierto, la situación podría ser incluso fatal. Lo cierto es que las probabilidades de que esto suceda son bastante escasas.

En cualquier, caso, y prescindiendo de todo lo que hemos dicho anteriormente, es muy probable que el factor odorífero sea más que suficiente para convencerte de la necesidad de someterte a un tratamiento de agua y jabón con la máxima regularidad.

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