viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Por qué nos parece el aire tan caliente antes de producirse las tormentas?

A decir verdad, no es cierto que el aire esté caliente antes de las tormentas; lo que ocurre es que en este caso sentimos una especie de calor fisiológico que no acusan los termómetros y todo depende de la diferencia entre ambas cosas.

Determinamos el calor de las cosas que nos rodean por comparación con el de nuestra piel, donde residen las extremidades sensitivas de los nervios que nos dan la sensación de frío o de calor, y el motivo de que nos parezca que hace calor antes de las tormentas es que en tal ocasión nuestra piel se hace más apta para percibirlo. Antes de una tormenta el aire se halla casi saturado de humedad, lo cual quiere decir que se resiste a contener mayor cantidad de agua de la que tiene.
Por otra parte, nuestra piel, que produce agua constantemente, porque sudamos sin cesar lo advirtamos o no, no tiene capacidad para librarse de ella con la rapidez acostumbrada, y entonces solemos creer que el ambiente está “más pesado” Ahora bien, uno de los grandes medios de que dispone el cuerpo para mantenerse freso, a pesar de la gran cantidad e calor que constantemente producimos, es evaporar en el aire el agua procedente de la piel.

Si este proceso se vuelve más lento, la piel padecerá de un calor molesto. Después de la tormenta, cuando la lluvia ha limpiado ya la atmósfera de la mayor parte de la humedad que contenía, el aire vuelve a absorber el exceso de humedad que mortificaba a la piel y sentimos de nuevo el ambiente fresco.