miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Qué pasaría si no tuviéramos cejas?

Para responder a esta pregunta, hay que saber para qué sirven las cejas y por qué las tenemos.

Las cejas constituyen un rasgo muy significativo del aspecto de una persona. En realidad, son una de las características más distintivas del rostro humano, y mucha gente les presta una gran atención. Hay quien piensa que algunos tipos de cejas son atractivos y otros no, y son innumerables las personas que dedican mucho tiempo a arreglárselas, al igual que hacen con el maquillaje en las pestañas y los labios. Asimismo, las cejas constituyen uno de los rasgos faciales más expresivos. Una de las formas más evidentes de dar a entender a alguien que estás pensando consiste simplemente en moverlas arriba y abajo. A decir verdad, casi todo el mundo sabe lo que significa cada posición de las cejas.

Las cejas desempeñan un sinfín de funciones en nuestra cultura actual (belleza, comunicación no verbal, etc.), pero ¿por qué están ahí? A medida que el ser humano fue evolucionando y perdiendo la mayor parte del tupido pelo que cubría su cuerpo, ¿por qué conservó esa pequeña cantidad sobre los ojos?

Los científicos no coinciden a la hora de determinar cuál fue la razón, pero han ofrecido una buena hipótesis. Las cejas evitan que la humedad penetre en los ojos cuando sudamos o caminamos bajo la lluvia. Su forma arqueada desvía las gotas de lluvia o de sudor hacia los lados de la cara, manteniendo los ojos relativamente secos. De ahí que su principal ventaja sea la de poder ver con claridad cuando se suda o se está bajo un aguacero. Sin cejas sería mucho más difícil. Por otro lado, al desviar la humedad procedente del sudor, también evitan que la sal irrite y escueza en los ojos.

La presencia de las cejas podría haber contribuido a la supervivencia de los hombres primitivos. Al ser capaces de ver más claramente en la lluvia, les ayudaría a encontrar un refugio. De igual modo, existen diversas circunstancias en las que evitar que el sudor penetre en los ojos te podría salvar la vida. Si estuvieras tratando de huir de un depredador, por ejemplo, sería lógico pensar que tuvieras el rostro bañado en sudor, y si dicho sudor fluyera directamente hasta los ojos, serías incapaz de ver bien, se te irritarían los ojos y ello te impediría correr con seguridad y no tropezar.

La mayoría de los científicos tienden a creer que si no tuviéramos cejas, la naturaleza nos hubiera provisto de otro rasgo evolutivo para solucionar la situación. Así, por ejemplo, podríamos haber desarrollado unas pestañas increíblemente tupidas para proteger los ojos de un exceso de sudor o de lluvia, o el cráneo podría haber continuado desarrollándose hasta formar una especie de alero sobre los ojos, en cuyo caso la lluvia o el sudor habría caído directamente al suelo sin interferir en la visión.

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