sábado, 9 de octubre de 2010

¿Cuál es la versión oficial de la iglesia sobre el exorcismo?

El sacerdote entra en una habitación. El ambiente es tenso y la temperatura es muy baja. Una joven maldice con voz e idioma ajenos a ella. Está atada a la cama y su aspecto es deplorable; sus ojos tienen una mirada retadora y socarrona. Cuando el padre le pregunta quién es, ella contesta: “Soy el demonio. Ahora, por favor… desátame”.

Cuando William Peter Blatty escribió “El exorcista” en 1971, lo hizo basándose en un caso que supuestamente había ocurrido en Cottage City, Maryland, 21 años antes. En él, un joven sufrió una posesión demoniaca y fue exorcizado primero por el clérigo E. Albert Huges y después por el reverendo William Bowdern. El niño de 13 años experimentó distintas manifestaciones paranormales. La cama en la que dormía se sacudía con violencia, frecuentemente aparecían laceraciones en su piel y algunos objetos caían al piso en su presencia. Después de llevarlo a una clínica mental y acudir a un gran número de médicos, los padres del adolescente decidieron recurrir a la Iglesia.

En el primer intento, el sacerdote Huges resultó herido con un resorte de la cama del pequeño. Todo el rito duró dos meses, hasta que el niño, al que los diarios llamaron Roland, tuvo una visión de San Miguel matando al demonio.

El rito del exorcismo está contemplado dentro de los sacramentales, signos sagrados que imitan los sacramentos en los que se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia Católica. Mediante ellos, se reciben los efectos principales de la vida son santificados. Entre estas acciones se incluyen las bendiciones que reciben los creyentes y los objetos de manera habitual, y otras que tiene un resultado permanente. Lugares como una iglesia o un altar, copas, santos óleos y otros elementos que estén reservados para objetivos litúrgicos son merecedores de estos ritos sacramentales.

Según el catecismo de la iglesia Romana, el exorcismo es una manera de oración que la iglesia usa contra el poder del diablo. Solo puede utilizarse cuando una persona u objeto ha sucumbido ante la influencia del demonio y la Iglesia pide públicamente la liberación de este poder. Un modo básico de este rito se presenta durante el bautismo, inicialmente un sacramento que tiene l propósito de salvar del pecado original, y la muerta, además de liberar al bautizado de él para poder entrar en el reino de Dios. De ahí que los bautistas que lo realizaban antes de la era de Jesucristo sean considerados los primeros exorcistas.

De acuerdo con la tradición cristiana, el propósito de la llegada del Nazareno fue la de liberar a los hombres del pecado y del mal, así como de la influencia de los espíritus malignos. Jesús realizó los primeros exorcismos reconocidos por la tradición católica al expulsar a los demonios que poseían a los atormentados. En el evangelio según San Marcos se habla de un hombre que “no podía ser atado por cadenas” y “andaba por los montes hiriéndose con las piedras”. Jesús ordenó al “espíritu inmundo” que saliera y, después de expulsarlo, lo envió a una piara, la cual se lanzó a un barranco.

El también exorcismo solemne o gran exorcismo, sólo puede ser llevado a cabo por presbíteros y mediante el permiso del obispo diocesano en turno. Esta autorización puede tener vigencias variables y limitarse a un caso en particular o permanente. El procedimiento para realizarlo se encuentra en el Rituale Romanum, texto religioso que comprende sacramentos que no se encuentran en los misales tradición ales ni el breviario utilizado por la Iglesia. Este texto no había sido modificado desde 1614. En los años ochenta comenzó una revisión minuciosa del documento que duró diez años y fue aprobado por Juan Pablo II en 1999.

La función principal del exorcismo es expulsar a los demonios o liberar de la influencia demoniaca a la persona atormentada por ella. El creyente a quien se le practica el rito sacramental debe, necesariamente, presentar una serie de signos perfectamente reconocibles. Entre ellos, deben ser capaces de hablar a la perfección leguajes desconocidos, demostrar una fuerza física sobrehumana y una aversión extrema hacia las imágenes y objetos santos, desde la Biblia hasta cualquier cruz. Sin embargo, a pesar de que todos estos signos se hagan presentes, la Iglesia católica urge a sus sacerdotes a eliminar todas las causas posibles a estos síntomas. Por ejemplo, en crisis nerviosas, casos de histeria y esquizofrenia se pueden producir las condiciones en las que se sospecharía de una influencia diabólica.

El exorcista debe estar preparado para reconocer dichas señales y, de ser necesario, canalizar al enfermo para que obtenga ayuda médica. Cuando no es posible resolver las tribulaciones de la persona afectada, se recurre al exorcismo solemne. El exorcismo necesitará algunos objetos santos para realizarlo: un crucifijo, agua bendita y la estola violesacea. Las oraciones necesarias para llevarlo a cabo s encuentran en el Exorcisale, documento que forma parte del Rituale Romanum.
Existen por lo menos dos apreciaciones distintas del rito del exorcismo dentro de la iglesia. En la primera, arraigada en la cultura popular ya adoptada por los clérigos de la escuela clásica del catolicismo, el demonio realiza una procesión de la persona, objeto o lugar en cuestión. En el caso del también llamado obseso, puede cambiar su comportamiento por completo y ser parte de fenómenos sobrenaturales, como la telequinesis.

El vicario romano Gabriel Amorth, fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, junto con otros seis sacerdotes, pertenecen a esta corriente. Para ser parte de este organismo avalado por el Vaticano, los padres deben tener permisos expresos de sus obispos, ya que se reúnen cada dos años en Roma. Hasta la fecha han practicado más de 50,000 exorcismos.

La otra versión sobre este procedimiento está más ligada a las modificaciones que Juan Pablo II hizo públicas en 2005 dentro del Rituale Romanum. Los sacerdotes que comparten esta visión opinan que la función del exorcista debe ser la de solucionar los problemas que tienen los fieles y que no han podido resolver por ningún otro medio. Son muy cautos y canalizas a los afectados a las instituciones médicas y siquiátricas si lo necesitan. Los clérigos que simpatizan con esta ideología consideran que la fuerza del demonio se vio mermada a partir del sacrificio de Jesucristo y que, por tanto, no puede existir una posesión diabólica. El hecho es que alrededor del mundo se siguen reportando casos diariamente. Mientras que en países como México sólo hay 6 sacerdotes exorcistas, en Italia hay por los menos 180.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada