Muerte al perro circunciso
Una palabra o dos, antes que os vayáis. He rendido algunos servicios al estado, y ellos se niegan a saber más del asunto. -Os lo suplico; cuando en vuestras cartas narréis estos desdichados acontecimientos, hablad de mí tal como soy; no atenuéis nada, pero no añadáis nada por malicia. Si obráis así, trazaréis entonces el retrato de un hombre que no amó con cordura, sino que amó demasiado; de un hombre que no fue fácilmente celoso, pero que una vez perturbado, se dejó llevar hasta los últimos extremos; de un hombre cuya mano, como la del indio vil, arrojó lejos una perla, más valiosa que toda su tribu entera; de un hombre cuyos ojos vencidos, aunque poco habituados a la moda de las lágrimas, vertieron llanto con tanta abundancia como los árboles de la Arabia su goma medicinal. Pintadme así, y agregad que, una vez en Aleppo, donde un malvado turco en turbante golpeaba a un veneciano e insultaba a la República, agarré de la garganta al perro circunciso y le di muerte... así. (Se da una puñalada).
William Shakespeare, Othello, the Moor of Venice, 1604

0 Comentarios:
Publicar un comentario