lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Escuchamos mejor sobre una superficie helada?

La excelente propagación de un sonido sobre un lago helado o una cumbre nevada se debe principalmente a que la superficie dura y lisa del hielo refleja prácticamente todas las ondas sonoras. Pero en días soleados concurre otro fenómeno que influye decisivamente sobre la propagación del sonido.

Las capas de aire contiguas a la superficie helada son más frías que las superiores, con la consecuencia de que las ondas sonoras se propagan con mayor facilidad en las capas altas que en las bajas. Y, obviamente, cuanto más caliente sea el aire, más alta será la velocidad del sonido.

Ello conduce a un curioso efecto: las ondas sonoras que circulan por los estratos superiores adelantan a las de los inferiores. Esta diferencia de velocidades, aunque mínima, basta para modificar la trayectoria del sonido.

Las ondas no se pierden en la atmósfera como cuando reinan condiciones meteorológicas normales -aire caliente en las capas inferiores y frío en las superiores-, sino que se aplastan contra el suelo, recibiendo la superficie helada una cantidad adicional de energía sonora. Es por estas diferencias de velocidad por lo que tenemos la sensación de oír mejor cuando en un día soleado nos encontramos sobre un río o un lago helado.

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