lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Por qué se produce el hipo?

En la producción del proceso fisiológico del hipo interviene, sobre todo, el diafragma, el músculo que separa la cavidad abdominal y la torácica a modo de tabique transversal y que participa directamente en los movimientos respiratorios. Así, al contraerse, hace que el hueso esternón se levante y sea posible la inspiración. En la espiración ocurre a la inversa.

En ocasiones, los músculos abdominales ejercen una presión excesiva sobre el diafragma -por ejemplo después de comer o beber en exceso, o tras inhalar humo, lo que hace que se distienda de forma anormal. Ello conlleva a que la frecuencia y profundidad de la respiración se altere, sucediéndose una serie de contracciones espasmódicas de esta membrana muscular, que provocan inspiraciones incompletas e interrumpidas. Esto es el hipo: el gran aumento de la presión del aire en los pulmones, producido por las convulsiones del diafragma. El cierre de la glotis que las acompaña es el causante del sonido gutural característico del hipo y de la potencia de los hipidos.

Así pues, cualquier trastorno que irrite el diafragma o los nervios que lo inervan provocará el hipo. En ocasiones, este movimiento convulsivo del hipo está relacionado con una enfermedad: un ataque al corazón, una neumonía crónica, un embarazo en el que el útero presiona el diafragma, una lesión en el área del cerebro donde se halla situado el centro del hipo...

Por otra parte, el truco de quitar el hipo con un susto tiene su explicación científica, ya que los movimientos respiratorios son controlados por centros nerviosos del bulbo cerebral. Por ello, con un sobresalto, que activa inconscientemente estas áreas, es posible que los mecanismos de regulación de frecuencia y profundidad de la respiración, alterados con el hipo, vuelvan a sincronizarse. Cuando el ataque de hipo dura días enteros, se recomienda, mejor que asustar al afectado, aplicarle un masaje en el seno carotideo, ubicado en el cuello. Si persiste, existen fármacos como el fenobarbital y la escopolamina que, bajo prescripción médica, pueden ser muy eficaces, al igual que la hipnosis.

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