lunes, 14 de marzo de 2011

¿Por qué perjudican el estómago los enfados y el estrés?

Hasta qué punto el estómago y los intestinos guardan relación con nuestra vida afectiva y emocional, nos lo revelan muchas expresiones corrientes como «no lo pude digerir», «se le encogieron las tripas», «tragarse un sapo», «el jefe no tiene úlcera, las provoca». En efecto, es verdad que el estrés y los disgustos suelen provocar dolor de estómago, pérdida del apetito y, al largo plazo, trastornos gástricos crónicos.

En otros tiempos creíamos que ello ocurría porque las alteraciones del ánimo provocaban una secreción aumentada del ácido clorhídrico estomacal. Según investigaciones más recientes, un 60%, aproximadamente, de las molestias de estómago se debe a trastornos de la movilidad gástrica e intestinal, es decir de lo que se llama el peristaltismo. (Movimientos peristálticos son las contracciones de los órganos tubulares que sirven para provocar el desplazamiento del contenido de los mismos. En el caso del aparato digestivo, para el avance del bolo alimenticio; en cambio el vómito, por ejemplo, es antiperistáltico). Los trastornos mencionados están determinados por los nervios involuntarios, es decir los del sistema vegetativo, a su vez muy susceptibles a los influjos de los factores psíquicos. En estas condiciones, la comida permanece en el estómago, no progresa, y de ahí las sensaciones de malestar: repleción, dolor de estómago, pérdida del apetito y, en algunos casos, náuseas y vómitos.