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Corazonada y Cotton Club

Francis Ford Coppola es sin ninguna duda uno de los nombres más importantes de la cinematografía actual. Nacido en 1939, en Detroit, hijo del músico y compositor Carmine Coppola y hermano de la actriz Talia Shire, estudia desde muy joven teatro y cine en la Universidad de California. Su oportunidad le llega cuando es seleccionado entre varios alumnos por el director y productor Roger Corman.

Es el inicio de una fructífera colaboración que le lleva sucesivamente a convertirse en su ayudante, dirigir segundas unidades y por fin dirigir, tras una olvidada experiencia en un film porno, su primera película profesional, DEMENTIA 13, rodada en 1963 y adscrita al género de terror. Trabaja posteriormente como guionista hasta realizar en 1966 su irregular comedia YA ERES UN GRAN CHICO y dos años después EL VALLE DEL ARCO IRIS, su primer musical y el último en la carrera del gran Fred Astaire.

Escribe después los guiones de PATTON de Franklin J. Schaffner y de EL GRAN GATSBY de Jack Clayton, cuyo éxito le permite fundar su propia productora, la American Zoetrope, que contará con sus propios estudios. para ella rueda en 1969, LLUEVE SOBRE MI CORAZÓN y produce el film THX 1138 de Georges Lucas. Ambos constituyen serios fracasos económicos, de los que saldrá airosamente con el rodaje para la Paramount, de EL PADRINO, primer título de la saga de la familia mafiosa de los Corleone, sobre la historia escrita por Mario Puzo y que darán a Coppola un gran prestigio internacional.

Los años siguientes son afortunados. Primero dirige «La Conversación» que constituye un gran triunfo de prestigio y produce AMERICAN GRAFFITI, que dirige su amigo Georges Lucas y que es acertado éxito económico, lo que le permite convertirse en un productor adinerado que puede dedicarse a proyectos mucho más ambiciosos. Después produce, escribe y dirige la segunda parte de EL PADRINO, un film que contradice el dicho popular de que nunca segundas partes fueron buenas. Esta cinta consigue un éxito comercial apabullante que Coppola utiliza para costosos montajes teatrales y operísticos en San Francisco y para la producción de APOCALYPSE NOW, que marcará el inicio de su debacle económica.

APOCALYPSE NOW constituye una libérrima visión de la guerra de Vietnam, a través de la novela «El Corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad. Aunque nadie discute su extraordinaria calidad y grandeza cinematográfica, constituyó un rotundo fracaso económico que obligó a Coppola a endeudarse hasta las cejas. Cuando vuelve del durísimo rodaje en las Islas Filipinas, Coppola se encierra en su estudio para rodar íntegramente el primer musical que ahora nos interesa: ONE FROM THE HEART estrenada como CORAZONADA. Antes de hablar de sus cualidades musicales y cinematográficas es forzoso mencionar las innovaciones técnicas, que en su momento fueron verdaderamente revolucionarias.

Coppola ensayó por primera vez, con un gran resultado, el video de alta definición. El método consiste en que, de un lado, las cámaras de video registran inmediatamente la imagen para las cámaras de video registran inmediatamente la imagen para transferirla, directamente montada, a un soporte magnético instalado en una caravana-centro de control, instalado en el estudio. Así Coppola podía visualizar varios montajes posibles ejecutados en directo, sin tener que esperar al desarrollo del film. Toda esta experimentación redundaba sobre todo en el uso que Coppola hizo del color. Si en el musical el «look» visual tiene carácter de primera fila, Coppola, ayudado de su parafernalia técnica lo lleva a sus extremos más extraordinarios, creando un film de gran belleza impacto visual.

El argumento, escrito por Coppola con la colaboración de Armyan Bernstein, es casi tópico. Una pareja aquejada de una crisis conyugal se separa. Ella tendrá una aventura con un desconocido y él con una bella y extraña equilibrista. Tras creer con dolor que todo ha terminado, al final volverán a reunirse. En Coppola, el tema adquiere narrativa y visualmente un aspecto realmente mágico y casi surrealista.

La recreación en estudio de la ciudad de Las Vegas, incluido el aeropuerto McCarran y la célebre Fairmont Street, es uno de los puntales de la realización de ese universo onírico del film. El mérito corresponde al decorador Dean Tavoularis, eterno compañero de fatigas de Coppola, que ya había recibido un Oscar junto a él con el segundo título de la saga de EL PADRINO.

Capítulo aparte merece la gran banda sonora. Esta fue escrita íntegramente por el cantante y compositor
Tom Waits, interpretada por él mismo y por la cantante Crystal Gayle. Si la fotografía y la ambientación de Dean Tavoularis, unido a las nuevas técnicas, conseguían dar una sensación de extrañeza, la inusual combinación entre la rauca y aguardentosa voz de Waits con la dulce y casi almibarada de Cristal Gayle, conseguiría reforzar esa sensación. A ello habría que añadir las excelentes interpretaciones de Frederick Forrest y Teri Garr, que integraban la pareja protagonista bien acompañados por Raul Julia, Nastassja Kinski y Harry Dean Stanton. A pesar de la belleza de la película, que se convertiría enseguida en un verdadero símbolo de la modernidad cinematográfica, fue un estruendoso fracaso comercial que obligó a Coppola a vender sus estudios.
Coppola pasa a la producción los años siguientes y a trabajos diversos, como la restauración del monumental NAPOLEON de Abel Gance, hasta que consigue, en 1983, recuperar en parte la confianza de la industria. Ese año rueda REBELDES y LA LEY DE LA CALLE, ambas basadas en novelas de la popular Susan E. Hinton. Las rueda sin problemas, con un bajísimo presupuesto y un reparto de nombres que en los años siguientes serán estrellas.

Al año siguiente se asocia con Robert Evans, productor con el que ya había colaborado en LA CONVERSACION y en los dos primeros títulos de la saga de EL PADRINO. Evans había encargado a Mario Puzo un guión en el que se reunieran dos géneros. Por un lado el musical y por otro el cine negro. A la elaboración del guión se sumaron Coppola y posteriormente William Kennedy, escritor galardonado con el Premio Pulitzer por la novela «Tallo de Hierro», también llevada al cine y autor de una biografía del gangster «Legs» Diamond.

El argumento se basaba en la historia del Cotton Club, un local instalado en Harlem que durante los años veinte gozó de una gran popularidad. En él, un público blanco adinerado gozaba de un espectáculo compuesto únicamente por negros, en el que desfilaron las principales figuras musicales de la época, especialmente la orquesta de Duke Ellington. Huelga decir que, aparte de la clientela de los ricos, pululaban por el local una amplia gama de personajes del hampa, la política y la policía, sazonado por músicos y bellas mujeres de moral dudosa.

A la par que la historia del local, se cuenta la de dos parejas, músicos, cantantes y bailarines, que corre paralela con la historia del local mismo. Los actores elegidos por Coppola fueron Richard Gere, el gran bailarín Gregory Hines y la joven actriz negra Marilyn Matthews, que colaboraron intensamente en la escritura de sus diálogos con réplicas improvisadas que Coppola fue sumando pacientemente al guión. Toda esta meticulosa preparación llevó a que el temido, por parte de las productoras, Coppola, redujera en cuatro semanas el rodaje previsto en veinte y acabara completamente la película dentro de lo presupuestado.
Se encargó de la fotografía Stephen Goldblatt, con un trabajo notable en un film de decorado y vestuario abigarrados. Se rodaron exteriores en los escenarios en los que naturalmente ocurría la acción, tales como el Hotel Plaza, la Estación Central de New York, Central Park y la Séptima Avenida, Harlem, donde se encontraba el mítico Lafayette Theatre. El decorado principal del Cotton Club fue reconstruido en el escenario de los estudios Astoria, que había acogido ya grandes musicales de la talla de HAIR y ALL THAT JAZZ.

Michael Smuin fue el encargado de la coreografía, destacando especialmente el trabajo de los números con Gregory Hines, un hombre que destacó tanto como actor que como bailarín. Su trabajo posterior en NOCHES DE SOL con Michael Barisnnikov, confirmaría esas capacidades.

John Barry fue el responsable de la dirección musical. Por un lado creó una partitura de gran belleza jazzistica que se correspondía perfectamente con el film. Por otro, realizó de manera brillante los arreglos, respetando las partituras, de una serie de piezas musicales que se convertían en los jalones históricos de lo que se narraba. Los temas de Duke Ellington, de Cab Calloway, de los McKinney Cotton Pickers y una larga lista, iban sucediéndose en el film perfectamente imbrincados en su trama argumental, dándoles una verdadera presencia dramática.

COTTON CLUB tampoco funcionó económicamente, debido esta vez a su elevado costo. Hoy ya nadie duda del lugar que corresponde en el musical y en el cine en general, a estas dos películas, producto de la intrincada y siempre interesante carrera cinematográfica de su creador.

Tras el éxito comercial conseguido posteriormente, especialmente con la tercera entrega de EL PADRINO y con su personal y casi musical versión del mito de DRACULA, Coppola ya parece estar preparado otra vez para llevar a cabo otra extraordinaria realización que probablemente empobrecerá su bolsillo mientras enriquece la cinematografía mundial.

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