martes, 10 de mayo de 2011

¿Qué pasaría si los hombres murieran inmediatamente después de aparearse?

Dios nos libre de semejante concepto… bueno, pero… ¿acaso tal cosa sucede en la naturaleza? El ratón marsupial australiano entra en un estado tal de frenesí al encontrar a su pareja, que muere después de perder su virginidad; la mantis religiosa y la araña viuda negra asesinan a los machos justo después del apareamiento. No creo que en un mundo así, los hombres se tomaran la molestia de apresurar el encuentro sexual, a sabiendas del destino que les espera.

Con lo chismosa que es nuestra especie, seguramente habría quienes se salvarían al conocer el fatal destino, sin embargo, evitar aparearse también evita que sus genes pasen a la siguiente generación, por lo que no sería un logro evolutivo el sacarle la vuelta al asunto.

Entonces ¿por qué las viudas negras matan a sus compañeros?

De hecho, es un mito que las viudas negras siempre acaben con la vida de os machos, en muchas ocasiones no es así… sin embargo, la razón por la cual cometen ese acto no queda del todo claro, tal vez no quedó satisfecha y por eso decidió acabar con un espécimen que no funciona adecuadamente… tal vez para ellas el rendimiento es muy importante (forma bastante desagradable de demostrar su descontento).

Hablando seriamente, pudiera ser que tal conducta responda a que, una vez completada su función, el macho no sirve para nada más. Por lo que la hembra toma una decisión: comerse a la pareja. Este hecho le proporciona una buena comida, pero también es cierto que a veces se los comen antes de aparearse, lo cual evita reproducirse con lo que ella considera y es un individuo indeseable.

Pero ¿cómo este extraño comportamiento puede servir a los intereses de la especie?

Damos por hecho que la naturaleza siempre se las arregla para que los comportamientos sirvan a las especies a largo plazo. Pero no, la evolución no funciona de esa manera. Por ejemplo, los seres humanos nos hemos reproducido de forma descontrolada, sobre poblando el planeta hasta el punto de causar un desastre ecológico global; esto debido a que la misma naturaleza no premia la baja tasa de reproducción, sino todo lo contario. La evolución no tiene una meta específica para cada especie. Por el contrario, los organismos individuales cuyos genes se adapten mejor a su entorno, simplemente serán los que sobrevivan en mayor número.

¿Querrá esto decir que la naturaleza recompensa aquellos genes cuyos comportamientos resulten en un mayor número de crías?

Casi casi. Lo que cuenta es que sobrevivan el mayor número posible de crías que puedan a su vez, alcanzar la etapa reproductiva. Una vez logrado, lo que le pase a ese individuo que ya se reprodujo no tiene impacto alguno en el desarrollo de la especie, por lo que puede ser desechado sin contemplaciones ni reparos. Una forma de describir este proceso es a través de la idea del “gen egoísta”, es decir, que los genes tratan de maximizar su propagación a expensas de otros genes, claro está, que esto no es de manera consiente.

¿Y qué tiene que ver todo esto con las arañas viuda negra? ¿Por qué la naturaleza crea a una hembra que se come al macho después del apareamiento?

Bueno, ya hay una razón: las hembras gozan de una comida nutritiva al ingerir al ya inútil macho. Y hay que recordar que sólo algunos machos sufren tal destino. Probablemente, los que escapan son más aptos físicamente para emprender la huida que los que no. El lograr la escapatoria les permite buscar a otra hembra, y tendrán un mayor número de descendientes que heredarán tal característica.

¿Y si las arañas no matan a sus compañeros, no ocasionaría eso a largo plazo la obtención de más crías? ¿Por qué la naturaleza no premia un comportamiento más benigno?

Quizás el macho no se pueda reproducir muchas veces en su vida, y el hecho de matarlo tras el primer (o primeros) apareamiento, no afecta al número de crías que se pueden obtener. Pude ser que el número reducido de apareamientos ayude en gran medida a tener machos más fuertes.

¿Y si los machos humanos corrieran la misma suerte?

Para empezar, supongo que el sexo recreativo no sería popular. Pocos hombres quisieran perder la que sería su única oportunidad de pasar sus genes a las futuras generaciones. La crianza sería manejada casi sin problemas por las mujeres, cosa que de hecho ocurre; y los hombres que quisieran criar hijos, probablemente se encargarían de cuidar los engendrados por otros machos.

No todo es cuestión de tener buenas crías

En noviembre de 2003, la austríaca Elfriede Blauensteiner, conocida como "la viuda negra" por buscar a hombres mayores necesitados de cariño mediante anuncios y luego, tras conseguir su herencia, envenenarlos, moría a los 72 años de edad en un hospital. Blauensteiner cumplía desde 1997 una condena de cadena perpetua.

El caso de la "viuda negra" causó conmoción nacional e internacional en 1996, cuando se descubrió que Blauensteiner había matado al menos a cinco hombres, aunque nunca fue enjuiciada por todos sus supuestos crímenes.

La "viuda negra" fue condenada primero por la muerte del jubilado Alois Pichler, de 77 años, en 1995, y dos años después, en 1999, por el asesinato de su vecina Franziska Koeberl y el de un amigo suyo, Friedrich Doecker.

"No ambiciono el dinero. Sólo maté a quienes merecían la muerte", explicó la viuda durante los primeros interrogatorios a los que fue sometida. Sus vecinos la describían como una mujer generosa que hacía donativos a causas infantiles o regalaba alfombras a sus conocidos.

Houston… tenemos un problema

En 1975, Alice Bradley Sheldon escribe con el Alias de James Tiptree, Jr. Una novela corta titulada “Houston, Houston ¿me recibe?” (no tiene relación alguna con el Apollo 13). La historia cuenta como una nave tripulada exclusivamente por hombres, tras ser impactados por una tormenta solar, se ven transportados a un futuro no tan cercano. Son rescatados por una nave cuyos tripulantes son todas mujeres clonadas. De hecho en la Tierra y en la base lunar, sólo hay millones de copias de 5 personas… todas, absolutamente todas son mujeres. Todos los hombres han muerto, pero no se les extraña. En esa sociedad, todo es paz y armonía. Al verse amenazadas por los impulsos agresivos de los recién descubiertos hombres, ellas deciden tomar muestras de semen, sólo para incrementar el acervo genético y una vez terminado, despachan al más allá a los donantes involuntarios.

… y vivieron felices para siempre.

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