domingo, 29 de mayo de 2011

¿Se puede morir de miedo?

Al parecer, este insólito fenómeno sucede con mayor frecuencia de lo que cabria esperarse, especialmente ante catástrofes y otras situaciones de extremo peligro. Mientras que el temor ordinario actúa sobre el sistema nervioso parasimpático, provocando una serie de reacciones fisiológicas bien conocidas, el miedo mortal afecta al simpático, provocando una inervación brusca del corazón, con una tetanización cardíaca irreversible.
Cuando un mamífero se enfrenta a una seria amenaza, todos sus sentidos se disparan automáticamente, con el fin de reunir la máxima información posible sobre la misma, que le permita hacerla frente.

Pero, a veces se activan complejos encefálicos vecinos, conjunto de células llamadas secundarias, cuya utilidad precisa aún no se conoce y que permanecen inactivas mientras los otros sentidos funcionan normalmente. Ante un terror desmedido o una cólera muy intensa, se bloquean todas las sensaciones y, pese a ello, se percibe el peligro con una agudeza superior a la normal, teniendo lugar auténticos fenómenos de clarividencia. Se produce un cambio brusco en el nivel de conciencia habitual, que tiene intensas implicaciones fisiológicas, y que, si bien en muchos casos facilita la defensa, en otros tiene consecuencias mortales.

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