sábado, 27 de agosto de 2011

13 Idioteces que no debes hacer con el correo electrónico

Antes de que pulses el botón “enviar”, revisa que no sea una de éstas tonterías.


  1. No me agradezcas. Si tú eres mi jefe y estás contento con algo que hice, está bien. Pero hasta ahí. Odio que me den las gracias, particularmente con un “thx” o, peor aún, un “grax”. Y tampoco me copies cuando quieras agradecerle algo a alguien más; a menos, claro, que hayan rescatado a una niña de un pozo o algo así. Estoy demasiado ocupado atendiendo otros 150 e-mails qué recibí Hoy.
  2. No me involucres en la odiosa basura cíclica del “con copia para”. Algunas personas piensan en voz alta sobre temas de mediana importancia mediante 300 e-mails. Y yo estoy en todos ellos. Los mensajes electrónicos deberían servir para informar, resolver asuntos, terminar conversaciones o reenviar un encargo. Nada más.
  3. De hecho, no me copies en ningún e-mail que sólo vaya a conseguir molestarme. Si algo está mal y necesitas descargarte, sé un hombre y simplemente llámame.
  4. Pero no olvides copiarme cuando sea necesario que yo me entere de algo. Así es, sueno inconsistente. Saber cuándo incluir o excluir a la gente es una habilidad gerencial básica.
  5. No me hagas pensar en algo por más de 15 segundos. Escríbeme 12 párrafos largos con interlineado sencillo y te enviaré la cuenta de mi nueva graduación de anteojos bifocales.
  6. No esperes una respuesta a todos los e-mails que me mandes. Créeme: yo tampoco espero que me respondas todo el tiempo. Es más, me gusta escribir las siglas NRR -no requiere respuesta- al final de la mayoría de mis e-mails. De tal forma que elimina todos esos mensajes que dicen: 'Gracias', 'OK' y 'No hay problema'. Son casi spam. No los necesito en absoluto.
  7. Es posible que el e-mail sea el foro menos adecuadop ara lo chistoso, morboso o personal. A menos, desde luego, que seas guionista con un Oscar en la chimenea. Es decir, dedícate a ir al grano. Sin sarcasmos. Y, sobre todo, sin emociones. Cualquier asunto importante que sea digno de hablarse deberá ser tratado por teléfono. O, en el mejor de los casos, en persona.
  8. Si existe un artículo que contiene mi nombre o una foto de mi perro montando un hidrante, envíamelo; pero molestarme con estúpidos mensajes de "creo que esto te va a gustar" o "esto está bueno" es desperdiciar. La próxima vez que mandes uno que sea de verdad relevante, es muy probable que lo termine ignorando.
  9. Relájate con el campo-CC, en especial cuando hablas de política, religión o deportes. Los tipos a los que copias no siempre van a leerla parte inferior de la cadena de correos, y si una discusión inútil comienza, es posible que termines buscando un nuevo trabajo.
  10. Nada de fotos sucias. A excepción, claro está, de las muy buenas. Aun en esos casos, hazlas seguras para ver en el trabajo. ¿Mujeres sensuales de tu último viaje de trabajo? Bien. ¿Jpegs de superpeludasycachondas.com? No está bien.
  11. A menos de que seas indispensable, no te pongas muy personal. Claro, el vicepresidente de Recursos Humanos le manda e-mails a su corredor de vinos 20 veces al día, pero así funcionan los asuntos de las jerarquías laborales.
  12. El idioma de tu trabajo es el español. Deja la jerga de nerd para tu Twiter, el Facebook o el Messenger. Estamos en la oficina, amigo. Escribe como ser pensante, no como un idiota que padece impedimentos vocales.
  13. Pero tampoco es correcto que te pases de aburrido. Con tus colaboradores más cercanos incluso puedes utilizar un esporádico 'hermano'. Confía en mí: a la gente le agrada que le llames de esa manera, en especial si son esos cuadrados de Contabilidad y Finanzas. Esa clase de detalles los hace sentirse 'en onda'.

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